miércoles, 23 de noviembre de 2011

FRANCIA - OTRA VEZ PARIS

Y terminaba la última Etapa de este viaje, que era en compañía de Cecilia. Y qué mejor que terminarla donde la comenzamos, en la hermosa ciudad del amor, en Paris.

Por suerte, siempre con el sol brillando en lo más alto, recorrimos nuevamente sus calles, pero esta vez, mezclándonos más con la gente, viviendo mucho más el lugar, disfrutando de cada bocanada de aire. 

En esta oportunidad, nos alojamos en un hotel muy barato a tan solo unas cinco cuadras de la Torre Eiffel, en la calle Commerce que tiene un movimiento interesante todo el día.

Fuimos a ver la famosa torre, ícono de la ciudad, y por más que ya nos habíamos fotografiado a sus pies hacía un mes y medio atrás, ahora lo volvíamos a hacer. Es que la Torre Eiffel tiene eso, hace que uno al mirarla, quiera recordar esa imagen para siempre.

Algo que nos llama la atención de esta ciudad es el tema del pan, de la baguette. A toda hora se ven hombres y mujeres, jóvenes y ancianos comiendo por la calle este alimento básico. Y a toda hora se encuentra caliente. Yo por ejemplo me compré una a las ocho de la noche, y estaba caliente que casi no podía sostenerla con las manos.

Es muy cómico porque la baguete se ve asomada en las mochilas, en las carteras, en los cochecitos de bebés, en todos lados. La peculiaridad es que todas las veces se ven sin la punta, es que claro, cómo recistirse hasta llegar a tu casa sin pegarle un mordisco a tan delicioso pan.

Pasamos por el Trocadero, e increíblemente estaban prendidas sus fuentes. Digo "increíblemente", porque recién en la cuarta vez que visito esta ciudad, pude apreciar esas fuentes en funcionamiento. Ya estaba empezando a dudar de la veracidad de las fotos que uno ve por ahí, con los chorros que se pelean por llegar hasta lo más alto.

Llegamos hasta el Arco de Triunfo, y desde allí seguimos nuestro camino por la Champs Elysees. Mucha gente, y mucho colorido otoñal invadía sus anchas veredas. Una feria navideña ofrecía alimentos y bebidas típicas de la época del año. Probamos vino caliente como si fuese café, muy original, y muy rico.

Pasamos por la pirámide de vidrio del Museo de Louvre, y ya haciéndose de noche llegamos hasta la Catedral de Notre Dame, que tras ingresar y pasear por su interior, descubrimos que no sólo no existe el jorobado, sino que también vimos que hay catedrales muchísima más bellas que están desperdigadas por todo Francia. Claro está que su fama viene porque allí se coronaban a los reyes franceces.

Otra cosa que nos llamó la atención en su interior, son las salas de confecionario. Paredes de vidrio esfumado que impiden ver con nitidez hacia su interior donde hay un escritorio, de un lado el cura y del otro el pecador. Como quien va a una entrevista de trabajo. Realmente algo de muy mal gusto.

En fin, disfrutamos de París. Y dejamos atrás esta fabulosa Etapa al dirigirnos al aeropuerto. Devolvimos el auto, con 21.323 kilómetros. Que restándole el recorrido que hicieron mis amigos mientras yo estaba en lo de mi hermana en Locarno, da unos 19.600 kilómetros que testimonian la vuelta por el viejo continente. Con Cecilia realizamos casi 5.000 kilómetros. Realmente una experiencia inolvidable.

Cecilia se tomaba un vuelo distinto al mío, pues ella volvería a Uruguay, y yo una semana a Nueva York. Esto significó otra despedida. Pero una despedida de felicidad por todo lo vivido y compartido en este mes y medio. Fueron muchas las cosas que disfrutamos juntos. Tanto lugares como momentos. Fue un placer haber hecho de "chofer" para que pudiera disfrutar al igual que lo hice yo, de todos los lugares que ustedes, seguidores del blog, ya saben cuáles fueron.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario