martes, 15 de noviembre de 2011

ESPAÑA – ZARAGOZA

No sé si Zara habrá gozado de nuestra visita o no, pero nosotros gozamos de ella, de sus calles y de su gran Catedral de Nuestra señora del Pilar y de sus inmediaciones. Existiendo un teatro romano que data del Siglo I después de Cristo, y una calle peatonal muy pintoresca. También pasamos por su plaza de toros, y por el Palacio de la Aljafería, que no pudimos entrar, porque acababa de cerrar.


Esta ciudad en realidad, la agregamos a nuestro itinerario no porque haya sido la cuna del famoso pintor español Francisco de Goya, sino porque el camino más corto entre Barcelona y Madrid, era pasando por esta ciudad. Y qué mejor excusa para parar a conocerla y disfrutar de su ambiente.

Además, a pesar de ser el camino más corto, implicaba algo más de seis horas, y Zaragoza queda exactamente a la mitad, pudiendo descansar allí después de tantas horas de ruta, y del shock de pagar uno de los peajes más caros de lo que va del viaje. Creo que después de los treinta y seis euros pagados para pasar por el túnel del Mont Blanc, éste de veinticinco, fue uno de los más caros. Tal vez por haber cruzado en el trayecto el Meridiano de Greenwich.

Pero esto sólo lo digo a título informativo para quienes piensan viajar en auto por esta zona de España. Increíblemente fue el único peaje caro de todo el recorrido de este país ibérico. En la mayoría de sus autopistas por las cuales hemos circulado, no existen peajes.

La cosa es que visitamos esta prolija ciudad española, capital de la comunidad autónoma de Aragón, y nos fuimos satisfechos del lugar.

Ya de tardecita, fuimos hasta un centro comercial para cenar. Cecilia pudo comer una hamburguesa con pan sin gluten, y después, emprendimos viaje hacia Madrid. En una autopista sinuosa y con muchas bajadas y subidas, preferimos no avanzar tanto, y quedarnos en un punto P para pasar la noche.

No sé si ustedes ya lo sabían, pero tanto a Cecilia como a mi, nos llamó mucho la atención lo árido de esta parte de España. Rocas amarillas con algún árbol hacían del paisaje carretero la impresión de ir por un desierto. A medida que nos acercábamos a Madrid, esas rocas amarillas, se fueron transformando en naranjas, y la vegetación fue aumentando en cantidad. Es un detalle, es cierto, pero no quería dejarlo pasar por alto.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario