miércoles, 13 de abril de 2011

SUMATRA – Día 1

Cómo transmitirles una de las experiencias más extraordinarias jamás vivida. Cómo explicarles la emoción sentida cada vez que daba un paso en este lugar. Ya con el sólo hecho de imaginarme en mi cabeza un globo terráqueo, y señalar con la punta del dedo la parte del mundo en el cual estábamos, hacía que mi piel se erizara.  

Qué mejor que empezar por el principio... Una vez que llegamos a Bukit Lawang, nos presentamos ante el equipo que nos acompañaría en la selva.  El jefe: Obiwan, quien al final no nos acompañó en la travesía, pues estaba sufriendo grandes dolores de espalda. Ésta persona es todo un personaje, muy divertido, una risa contagiosa sin igual.


Como les decía en la entrada anterior, Bukit Lawang es un pueblito a lo largo de un río. En la orilla del frente, selva! Árboles enormes, con una altura tremenda. Dicen que se llegan a ver orangutanes que se acercan a esos árboles. Nosotros no tuvimos la suerte de verlos en ese lugar.

Los dormitorios donde pasaríamos la noche en el pueblito eran muy cómodos. Tenían una terraza desde donde podíamos apreciar la selva al otro lado del río. 

Almorzamos, mientras los truenos se hacían escuchar cada vez con más fuerza. Oscureció de golpe, y a las seis de la tarde ya estaba lloviendo por lo que nos fuimos a acostar para descansar hasta que parara de llover. El tema fue precisamente que la lluvia no paraba. De repente, apagón. Nos quedamos sin luz, como queriendo darnos una pista de lo que sería la noche en la selva.

Acostado boca arriba, con los ojos cerrados, escuchaba las gotas caer sobre el techo de chapa y no paraba de pensar qué haríamos al otro día si llovía, cómo poder caminar por la selva mojados, qué haríamos con las cámaras de fotos, eran tantas las preguntas que cruzaban de un lado a otro dentro de mi cabeza, que no lograba consentrarme para lograr dormir.

Y así, feliz de estar allí, pero preocupado por el ruido de la lluvia que no sesaba, pasó el primer día en Sumatra.

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