domingo, 17 de abril de 2011

FILIPINAS – Día 2 – Honda Bay


Nos levantamos, y nos dirigimos al aeropuerto para volar hacia Puerto Princesa, capital de la isla filipina llamada Palawan. Esta vez el aeropuerto queda en el medio de la ciudad, cerca de nuestro hostal, por lo que en unos minutos ya estábamos con nuestros pasajes en mano para dirigirnos a uno de los mejores veinte destinos del mundo según la Nacional Geographic.

Durante el vuelo, el Chelo se hizo amigo de un israelita que viajaba sólo, y que tenía pensado más o menos hacer lo mismo que nosotros, por lo que lo invitamos a que se uniera al grupo si así lo deseaba. Él nos dijo que hace mucho tiempo viene viajando sólo, y que le gustaría unirse con nosotros. Nos comentaba que viajar solo no está tan bueno, pues tienes mucho tiempo para pensar, y a veces te vuelves loco. Obviamente nos comunicamos en inglés, lo que hace que cada vez que hablemos entre los cinco, ahora seis, lo hagamos en ese idioma.

Al llegar al aeropuerto, que en realidad parece un aeródromo, pero muy prolijo, hablamos con los conductores de taxis para que nos lleven a Honda Bay, cerquita de Puerto Princesa, a algún hostal bueno, bonito y barato. Pero los taxis, no son autos, son unas motos comunes y corrientes que les engancharon un carrito al costado donde pueden viajar dos personas. Así fue como llegamos los seis a este remoto lugar del mundo.

El hostal al cual nos trajeron, es nuevo, lo que hace que esté muy lindo. Son cuartos de a dos, y tiene un salón comedor que da hacia el mar, con una terracita que cumple también la función de muelle.

Aquí en Honda Bay, no hay playa, es un puertito. Está lleno de botes que son los que te llevan a las islas mar adentro para disfrutar de sus paradisíacas playas.
Este primer día en esta isla nos quedamos en el hostal, en este salón comedor disfrutando de la vista al mar con sus botes descansando sobre sus aguas. Caminamos por la única calle que tiene este lugar con sus puestitos en sus costados. Los chiquilines se quedaron como locos al descubrir que venden cerveza de litro a veinte pesos uruguayos. Dijera Martín: “es gratis, es gratis”.

Como estamos sólo nosotros hospedados en el hostal, pusimos música, y los chiquilines tomaron cerveza, mucha cerveza, luego un poco de whisky; y después tras algunos zig zags en el camino, nos fuimos a dormir nuestra primera noche en esta isla.

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