lunes, 5 de septiembre de 2011

ESTONIA – TALLIN

Nos levantamos temprano, y un poco resaqueados del asado del día anterior, dejamos el camping de Kotka, para dirigirnos a Helsinki, desde donde nos tomaríamos el ferry hasta Tallin la capital de Estonia.

Este país con menos habitantes que nuestro querido Montevideo, es después de tantas idas y vueltas, un país independiente. Es que a lo largo de su historia, fue invadida por los alemanes, daneses, suecos, y rusos. Estos últimos en lo que se conoció como la URSS. A partir de 1991, logró independizarse, y su crecimiento económico se ha producido de manera vertiginosa.

En los primeros años del Siglo XXI, se hizo miembro de la Unión Europea, y en el año 2011 comenzó a utilizar el Euro como su moneda local.

Arribamos a este país de Europa del Este apenas pasado el mediodía, y nos instalamos en un camping muy peculiar, pues estaba en un puertito, que en no más de cien metros cuadrados de pasto, se ponían las carpas. Alrededor: yates, veleros y el Mar Báltico.

Tallin, alberga a casi la mitad de la población del país, y posee una ciudad vieja, o mejor dicho un centro histórico realmente envidiable. Sus catedrales medievales, rodeadas de calles adoquinadas, y todo esto envuelto en una muralla con unas torres, hacen de esta parte de la ciudad, una visita obligada.

Perderse por esta zona y ver promotoras con vestimentas típicas, hace imaginarse estar en el Siglo XV.

Pasamos toda la tarde recorriendo de punta a punta el centro histórico, entramos a un museo, y llegamos a puntos de vistas panorámicas espectaculares.


Algo que me olvidaba de comentarles era lo barato que nos costó el camping. Apenas unos quince euros entre los cuatro contra más del doble si nos declarábamos a todos en los países nórdicos. Pero no sólo el camping era barato, compramos en un supermercado una pata grande de pollo con puré de papas sólo dos euros. Eso sí, no compramos pan, pues los panificados te recuerdan que estamos en Europa. Pero en términos generales, es barato comer y hospedarse en esta ciudad.

Los que siguen el blog desde el primer día, recordarán mis historias, y mis fobias a las agujas, razón principal por la cual, dejé hasta último momento el sacarme las muelas de juicio. Todo para evitar el pinchazo de la anestesia. La cuestión es que sólo me saqué una, la que más molestaba, y la otra que casi nunca lo hacía, comenzó a hacerlo hace un par de días.

Cuando volvimos al camping, y nos preparábamos para conocer la ciudad por la noche, la muela me dio un golpe de K.O. y me resigné a acompañar a los chiquilines. Me acosté en la carpa, e intenté dormir pese al dolor.

Gran susto al levantarme al otro día y verme la mitad de la cara hinchada con la imposibilidad de abrir la boca. Me tomé cuanto remedio encontraba, con el riesgo de una sobredosis, pero ahora, ya me siento mejor, y con muchas ganas de conocer nuestro próximo destino: Riga, capital de Letonia.

1 comentario:

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