viernes, 7 de octubre de 2011

SUIZA – INTERLAKEN con amigos

La semana en lo de mi hermana, donde me encontré con mis padres, y donde conocí a mi sobrinita Verónica, culminó cuando los chiquilines me pasaron a buscar para seguir con ellos hacia el centro de los Alpes, hasta llegar a Interlaken.

Fue muy duro despedirse nuevamente de mis padres, a quienes volveré a ver en menos de dos meses. Sin embargo, con mi hermana, nos volveremos a ver en quince días, cuando vuelva con mi novia a su casa.

Fue muy lindo volverme a ver con los chiquilines, pues las anécdotas de sus vivencias en Florencia, Roma y Mónaco eran muy divertidas.

No voy a mentirles, realmente me daba un poco de pereza arrancar nuevamente en el trajín de andar al palo todos los días, pero créanme que esa pereza desapareció rápidamente cuando empezamos a toparnos con las gigantescas montañas con sus picos nevados de la principal cadena montañosa de Europa.

Empezábamos a quedarnos boquiabiertos con los paisajes que nos arrojaba la ruta por la que transitábamos. Uno nunca se cansa de ver este tipo de postales con montañas y lagos. Paramos en más de una oportunidad para atesorar, con al menos una foto, tanta belleza.


Llegamos a Interlaken, ciudad balnearia que como su nombre lo indica queda situada entre medio de dos enormes lagos. Es un balneario, pues en invierno es un centro de deportes relacionados con la nieve. Ahora todo está verde, con los lagos color turquesa.

Caminamos por la ciudad, y al caer la noche buscamos un punto P para dormir.

Al otro día, nos dirigimos, cerca de allí, a Trummelbach (sé que les cuesta leer este nombre, a mi me costó escribirlo), que queda en un diminuto poblado en un pequeño valle llamado Gimmelwald. Trummelbach, consiste en enormes cascadas subterráneas, que atraviesan las montañas.

Nuestros respectivos carnés de prensa, permitieron ahorrarnos las entradas. Que sea dicho de paso son caras, pues Suiza es un país muy caro; tanto como los países nórdicos.

Ya cerca del mediodía, volvimos a Interlaken, y nos fuimos a uno de sus lagos para cocinarnos el almuerzo en su orilla. Fue increíble el lugar donde nos dimos el lujo de almorzar. Una vista envidiable: pasto, lago, cisnes y montañas. ¿Qué más podíamos pedir? Un exquisito asado de tira. Ante la imposibilidad de comprar productos cárnicos, nos tuvimos que conformar con una comida enlatada que traíamos de Alemania, la cual al sentir el gusto a comino, preferí no comerla, conformándome con el queso rayado para mi almuerzo del día. Pero como les decía, el lugar en el que estábamos, era capaz de minimizar cualquier problema alimenticio.


Por la tarde nos dirigimos a Grindelwald, otro poblado ubicado en el medio de una montaña. Caminamos bastante, con los picos nevados cada vez más cerca. A este lugar tuve la posibilidad de conocerlo en pleno invierno, cuando todo era blanco. Ahora, saliendo de la primavera, el verde de las pasturas, con los diversos colores de las flores, contrastan con los glaciares que se ven allá a lo alto en las montañas.

Bajamos nuevamente a Interlaken, lloviendo, para ir a dormir al mismo punto P que la noche anterior. A la mañana, al despertarnos, nos encontramos con las montañas que nos rodeaban cubiertas de nieve, claro está que en las cimas.

Como estaba muy frío, y nublado, decidimos irnos de Interlaken, y nos fuimos hacia la capital suiza, hacia Berna. Una ciudad pequeña, de tan sólo 122.000 habitantes.

Aquí no sólo hacía el mismo frío que Interlaken, sino que también llovía. Por eso Jota y Santiago se quedaron en el auto, mientras Pablo y yo salimos a descubrir el centro histórico de la ciudad.

Casi que tiritando del frío, paseamos por sus calles empedradas donde encontramos la embajada de nuestro querido Uruguay. Vimos uno de los puntos más turístico de la ciudad como es e una torre con un reloj astronómico parecido al que vimos en Praga.


También fuimos a una catedral gótica, y por último a ver unos osos que se encuentran en una fosa. Estos animales son los animales típicos de la zona, razón por la cual la bandera y el escudo de la ciudad tienen un oso.

Ahora, terminamos de almorzar. Estamos camino a Lausana, donde nos espera un amigo de los chiquilines, a quien conocieron cuando recién comenzaron su viaje allá en Los Ángeles. Esta ciudad suiza, será el último destino con estos increíbles amigos.

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