domingo, 29 de mayo de 2011

NOCHE EN PHI PHI


La noche en la isla de Phi Phi consiste en ir a la playa, ya que allí hay pubs y discotecas siendo la propia arena la pista de baile. Por supuesto que la música es toda electrónica, pues hay muchísimos europeos en la isla. Luces, fuego, pintura fluorescente para el cuerpo, y mucho descontrol es lo que abunda desde que cae el sol hasta las dos de la mañana, hora en la cual se apaga la música, y todos a dormir.

Todas las noches salimos a divertirnos, pero resulta que siempre terminábamos en el mismo lugar, pues sólo en una discoteca es donde se junta toda la gente, quedando el resto de los lugares como simple escenografía nocturna.

Fue así que se me ocurrió ir a hablar durante el día con la discoteca que queda al lado de la que explota todas las noches para hacerle una propuesta. De camino al lugar me encontré con el Chelo y con el Pollo, y juntos fuimos y le propusimos que si le llevábamos más de cien personas, ellos pondrían nuestra música, es decir, cumbia, salsa, cuarteto, entre otras.

La mujer al principio se encontraba reacia a la propuesta, pero cuando le dijimos que le garantizábamos la presencia de más de cien personas, llamó por teléfono al dueño, y nos citó para hablar con él a las ocho de la noche.

Llegada la hora, fuimos a hablar, y tras una larga charla, acordamos la noche latina en plena playa de Phi Phi. Empezamos a repartir a cada uruguayo que veíamos en la calle sobre la fiesta, para lograr llegar a las cien personas prometidas.

Me sentí por momentos como el RRPP de esa discoteca llamada Apache. Ahí trabajan dos argentinos, que no daban crédito lo que estábamos haciendo. La noche empezó a invadir la isla, y los uruguayos invadimos Apache. Lo que hizo que muchos europeos al ver tanta gente, también se sumaran a la fiesta.

Grande fue la sorpresa cuando le voy a llevar el pen drive al dj, y éste no tenía computadora, pero lo más cómico fue que una compañera, que aún no sé quien fue, llevó dos discos con lo que nos permitió tirar esos dos y unos sobre la arena de Phi Phi.

Cuando el dj puso el primer tema, la playa explotó con un grito desgarrador de todos los allí presentes, y ni les cuento cuando al ritmo de Violeta, hicimos un trencito largísimo con la mayoría de los vagones de Uruguay, pero también había algún vagón asiático y europeo. Esta imagen quedará grabada en mis retinas para siempre, al igual que la sonrisa de todos mis compañeros al bailar, en esta parte del mundo, Azuquita pal café. 

Los argentinos, no paraban de agradecerme, pues me decían que desde que trabajan allí, nunca habían visto lleno la discoteca. Me llevaron para presentarme a otro dueño, y éste no paraba de agradecerme y regalarme tragos. Me preguntaban si al otro día volveríamos a ir, y yo le decía que si ponían nuestra música, con gusto volveríamos.

Fue una noche espectacular, nos divertimos muchísimo, y aún me cuesta creer cómo logramos poner este tipo de música en un lugar, que lo único que se baila es electrónica. Pero señores, este viaje me ha enseñado mucho a negociar, y esta maniobra no fue la excepción. Llegamos a un acuerdo, y ambas partes cumplimos.

Recuerdo que cuando vivimos aquellas noches en Hong Kong, pensábamos que nunca más lograríamos poner nuestra música en algún otro lugar. Y lo logramos, y nada mas ni nada menos que en la isla de Phi Phi.

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