lunes, 2 de mayo de 2011

CHINA – Día 1 – Beijing


En el hostal nos esperaba Camila, una compañera del grupo que había llegado sola en la tarde de Beijing. Cenamos en el hostal unas pizzas exquisitas, y nos fuimos a dormir cómodamente después de tantas horas de viaje.

Nuestro primer día en esta ciudad, descansamos casi toda la mañana, y una vez recuperadas las energías, decidimos salir a conocer la Ciudad Prohibida, lugar donde residían los emperadores en las dinastías Ming y Quing.

Fuimos en ómnibus público, pudiendo observar de manera directa minutos de la vida cotidiana de algunos ciudadanos. Llegamos a la plaza de Tian An Men, una de las más grandes del mundo, y sus enormes edificios de estilo ruso en los laterales de la misma, hacían que nos sintiéramos insignificantes entre tanta grandeza.


Había muchísima gente, principalmente turistas chinos de otras provincias que vienen a conocer este lugar con toda su familia.

Como en otras ciudades del sudeste asiático, nos empezamos a ver observados, hasta acosados en varios momentos, puesto que estaban quienes te sacaban fotos disimuladamente; quienes te pedían sacarte una foto con su hijo, novio o novia, o con la familia entera; quienes no sólo sonreían a tu lado sino que también te abrazaban y apoyaban la cabeza en tu hombro para que la foto saliera perfecta; y por último quienes pasaban por tu lado y te quedaban mirando fijamente, y se reían. Todo esto nos causaba muchísima gracia, realmente éramos sapos de otro pozo.

Tras varias fotos en la plaza, nos dirigimos al frente para ver una de las imágenes más representativas de la República Popular China, la fachada de la Ciudad Prohibida con el retrato de Mao, quien fundó el partido comunista en China, observando a toda la multitud que no paraban de disparar flashes en su dirección.


La sensación de estar allí, es inexplicable, los ojos llorosos, y la piel erizada de tanta emoción. Entramos y nuestras cámaras no paraban de sacar fotos, al igual que nosotros no parábamos de posar para los chinos que seguían asombrados de ver occidentales en su tierra. Como les decía, los chinos allí presentes, son turistas de pueblos pequeños, por lo que no están acostumbrados a ver ojos redondos y narices grandes.

Subimos a una parte donde había una replica de uno de los lugares donde el emperador se sentaba, y nos disfrazamos para sacarnos fotos como tal. Estuvimos largo rato disfrutando de ese lugar. Cuando bajamos, nos encontramos con compañeros del grupo. Es muy lindo ir encontrando gente conocida, muchas veces amigos, para poder intercambiar en pocos minutos todo lo que hemos vivido desde nuestra salida de Uruguay. 


Tras despedirnos seguimos hacia la boletería para sacar el ticket que nos permitiera entrar a la Ciudad Prohibida propiamente dicha. Compramos los tickets a mitad de precio pues tenemos carné de estudiante. Los chiquilines alquilaron aparte unos auriculares que les iba haciendo de guía, yo no lo hice ya que al otro día iría con el Grupo de Viaje e iríamos con guía. De todas formas, no quitaba que les preguntara dudas para desasnarme de tantas cosas que están construidas o hechas con una explicación de trasfondo alucinante.

Estar inmerso en esta ciudad construida a principios del siglo XV con los templos y las casas con esos techos característicos hacía que nuestra felicidad sea capturada con cada fotografía.


Estuvimos varias horas recorriendo los rincones de este predio de más de setenta y dos hectáreas. Salimos de la ciudad, y cruzando la calle había arriba de una colina un templo budista desde donde teníamos una vista panorámica de toda la Ciudad Prohibida. Algo a destacar de esta vista era el smog que se divisaba como una permanente niebla sobre las edificaciones de Beijing.


Volvimos al hotel caminando, apronté mi mochila, me despedí de Matías, Martín y Camila, y me fui al Beijing Plaza Hotel, que era donde nos encontraríamos los compañeros que arrancamos el Grupo de Viaje en este destino.

Le pedí a la recepcioncita del hostal que me escribiera en chino la dirección de dicho hotel, para mostrársela al taxista y no tener el mismo inconveniente que la noche anterior.

Salí a la calle en busca de un taxi, y no me paraban, empezó a lloviznar, y yo comenzaba a ponerme nervioso. En un momento paró uno, le mostré el papelito y con un OK como único diálogo entre el conductor y yo, partimos rumbo al encuentro del Grupo de Viaje.

Demorábamos bastante, y mi ansiedad hacía que empezara a desconfiar si el taxista sabía realmente a dónde debía llevarme. Sabía más o menos el precio que debería cobrarme, con lo que le gané a mi ansiedad, viendo el precio que cambiaba con el paso de los minutos.

Finalmente llegamos, y con miedo a no ser el hotel en donde se hospedaría el grupo, pues había un lujo al cual no estaba acostumbrado, entré, y no vi a ningún compañero, lo que produjo que mi corazón empezara a latir más rápido hasta que me dieron la llave del cuarto (que en realidad es una tarjeta magnética), y respirando hondo, entró una tranquilidad a mi cuerpo que hacía varios días no sentía.

1 comentario:

  1. QUE ESPECTACULAR JUANCHI!!!A TU SOBRINITO/A Y A MI NOS HACE FELICES VERTE DISFRUTAR SACANDOLE EL JUGO A CADA MOMENTO, TU SONRISA Y TUS OJOS MARAVILLADOS EN CADA FOTOS SON UN POEMA!! TE QUEREMOS Y ESPERAMOS CON ANSIA!!!

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