martes, 8 de noviembre de 2011

MONACO, NICE y CANNES

Después de cuatro horas y media de viaje bajo lluvia, llegamos a Mónaco. Unos kilómetros antes ya había dejado de llover, y entre tantos túneles y puentes, podíamos apreciar la vista hacia el azul Mar Mediterráneo.

Mónaco, es un estado independiente, por lo que no forma parte de Francia como la mayoría se piensa. Es increíble cómo un territorio tan pequeño, inmerso en un país tan grande como Francia, tenga independencia política, económica y social.

Empezamos a transitar las calles empinadas de la ciudad, y nos empezamos a topar con tramos del circuito de Fórmula Uno que se celebra todos los años en Monte Carlo. Me parecía mentira estar manejando y pisando esa banquina roja y blanca por donde han hecho roncar sus motores los Ferraris y los Mc Clarens.


Llegamos hasta la costa, y estacionamos el auto en la rambla. Fue bajar del mismo, y las nubes se dispersaron un poco, y el sol hacía relucir el color del mar con un enorme arco iris en el horizonte.

Caminamos un largo rato por la rambla, hasta que empezó a garuar, y volvimos al auto. En el trayecto vimos enormes y lujosos yates y veleros que se encontraban amarrados en el pequeño puerto de la ciudad.

Dada por terminada nuestra visita, decidimos ir hasta Cannes, pero para no pagar peaje, elegimos la ruta que nos llevaría por toda la costa. Pucha que es lindo el sur de Francia! Altos acantilados con casas que parecen estar colgadas, hacen de ese lugar un hermoso paisaje.

Pasamos por Nice, y empezamos a recorrerlo rápidamente en el auto. Comenzó a anochecer, y al toparnos con un Motel sobre la rambla, nos hospedamos esa noche allí, y al otro día en la mañana seguiríamos camino hacia Cannes.

Ya instalados, empezó una tormenta eléctrica de aquellas. La ventana del dormitorio vibraba con el viento y con cada trueno. Teníamos vista al mar, pero sus enormes olas lo hacían lucir furioso y rabioso.

Prendimos la televisión, y empezamos a ver las noticias que no dejaban de hablar de las terribles inundaciones de Génova, Italia, y de las alertas de inundaciones en la costa del sur francés. Fue en ese momento cuando ver el mar por la ventana nos dejó de gustar, y tras cerrar la cortina, como queriendo que desaparezca la tormenta, apagamos la luz, y nos dormimos no tan tranquilos.

Al otro día, amanecimos, y si bien al auto no se lo llevó la corriente, un enorme charco en el estacionamiento hizo despertar mi ingenio temprano en la mañana para evitar mojarme los pies.

Salimos, y al tomar la rambla para seguir nuestro camino, resulta que ésta, estaba cerrada pues las furiosas olas que veíamos por la ventana, hicieron de las suyas y rompieron gran parte de la vereda, y dieron vuelta algún bote que andaba por allí.

Con ese panorama, nos desviamos, pero siempre evitando la autopista. La cuestión es que todos los caminos de la costa estaban cerrados porque estaban inundados. Una de dos, o aquí los desagües son pésimos, o había llovido una barbaridad.

En definitiva, ya medios nerviosos tomamos la autopista hasta llegar a Cannes. Esta ciudad balneario, que ya está en baja temporada, no relucía como uno se la imaginaba. Paseamos siempre andando en el auto, pues lloviznaba y nos daba pereza tener que andar con el paraguas en la mano.

Una peculiaridad de esta zona es que las casas están todas pintadas en colores cremas. No sabemos si será por ley o qué, pero lo cierto es que quedan muy pintorescas verlas todas del mismo color, tanto en Mónaco, como en Nice y en Cannes.

Sólo contarles que fuimos hasta donde se había producido hacía apenas unos días la reunión del G20, aquella en la cual el presidente francés catalogó a Uruguay como “paraíso fiscal”. Creyendo que en ese mismo lugar es donde se despliega una enorme alfombra roja al conmemorarse anualmente el gran Festival de Cannes, nos fotografiamos subiendo la escalera, claro está que sin la alfombra.

Después de estas fotos, nos empezamos a dirigir hasta Avignon, en un viaje que empezamos bajo un diluvio torrencial que hacía que el limpiaparabrisas no diera a vasto en sacar el agua del vidrio en su máxima velocidad. Viendo prácticamente muy poco, a una velocidad acorde al riesgo, manejaba sobre una autopista inundada, donde la formación de charcos hacía patinar el auto pese a la baja velocidad.

Por suerte la autopista cambió a una impermeable, y después de unos cuantos minutos, el agua disminuyó considerablemente, haciendo el viaje más confortable y seguro. 

SUIZA - DURA DESPEDIDA

Y llegó el momento de dejar atrás uno de los países con los mejores paisajes de lagos y montañas que jamás hemos visto. Pero no sólo dejábamos atrás a Suiza, también nos despedíamos de mi hermana y de nuestra sobrinita.

Es verdad que para que haya una dura despedida, antes debe haber habido un efervescente reencuentro. Eso es lo que hay que resaltar, además de que este viaje me ha permitido pasar unos días compartiendo, junto a mis padres, los primeros días de mi hermana como mamá; y no sólo eso, sino también volver a verla junto a mi novia en dos ocasiones más. Con esto, pude disfrutar de contemplar los cambios y progresos que fue teniendo mi sobrina con el paso de las semanas.

Pero por más que uno quiera ver siempre lo bueno, no se puede ser hipócrita y no asumir que esta despedida caló hondo en toda mi persona. Es que es duro saber que se tiene una nueva integrante en la familia, y que uno la volveré a tener en sus brazos recién cuando ya haya aprendido a caminar.

Después de haberla hecho dormir en mis brazos, de haberla entretenido, y hasta hecho reír, nos dijimos adiós, y mientras se cerraban las puertas del ascensor, con Cecilia cerrábamos con fuerza nuestros ojos tratando de impedir tantas lágrimas provocadas por la despedida.

Empecé a manejar rumbo a Mónaco, y el agua de la lluvia era lo único que se escuchaba en un auto ahogado en silencio.

Fueron unos días inolvidables. Mi cuñado un fenómeno, mi hermana una dulce, mi sobrina un poema. A ellos, muchas gracias por haberme aportado esa cuota de dulzura que a todo hombre enternece.

domingo, 6 de noviembre de 2011

SUIZA – LOS ALPES

Llegamos a la casa de mi hermana, y después de disfrutar de nuestra sobrina por un día, nos dirigimos al centro de Suiza para adentrarnos a los propios Alpes Suizos.

Tenía pensado subir una de las tantas montañas de este hermoso país, y darle la sorpresa a Cecilia para que conozca la nieve. Por lo tanto estudié la meteorología, y sólo daban dos días lindos en la semana, con lo que era suficiente para hacer lo planeado.

Empecé a manejar, y al cabo de algunos minutos, las montañas nevadas ya se dejaban ver detrás de las verdes colinas de las montañas más bajas. El cielo despejado, prometía que el paisaje que veríamos en la tarde sería inmejorable.

Después de cruzar unos túneles, nos topamos con una espesa niebla, que en realidad, eran nubes, pues íbamos en ascenso. Yo me empecé a poner nervioso, pero seguimos subiendo, hasta quedar entre el cielo y las nubes.

Llegamos a Interlaken, ciudad ubicada entre dos enormes lagos de color turquesa rodeados de enormes montañas. A esta ciudad ya había ido con mis amigos, pero no habíamos subido a ninguna de ellas. Ahora, ya en pleno otoño, la nieve se veía en la cima de todas las montañas.

Almorzamos bajo el mismo árbol donde habíamos almorzado con mis amigos, y tras recorrer la ciudad, nos dirigimos hacia la ladera de una enorme montaña, para subir, por intermedio de un funicular, hasta su cima.

Cecilia ya estaba entusiasmadísima al saber que subiríamos hasta lo más alto. Y yo estaba ansioso, porque ya quería ver su cara al tocar con sus propias manos la nieve.

Dejamos el auto en el estacionamiento desde donde parte el funicular. Éste sale desde un pueblo llamado Stechelberg. Para llegar ahí, se va subiendo por un sinuoso camino. Si se bajan las ventanillas del auto, se pueden escuchar los cencerros de las vacas que aprovechan a pastar durante este mes de Noviembre, pues luego no podrán hacerlo cuando la nieve del invierno cubra toda la región.

Como les comentaba, la idea era llegar hasta la cima de la montaña, llamada Schiltorn. Pero se debían hacer cuatro paradas, y cambiar de funicular en cada una de ellas. La primera era hasta Gimmewald, la siguiente hasta Mürren, la tercera hasta Birg, y la cuarta y última, llegando a casi tres mil metros de altura, hasta Schiltorn.

En el último trayecto, la emoción de ambos, no pudo impedir que derramáramos alguna lágrima de felicidad ante semejante paisaje. Los picos nevados que veíamos desde abajo, ahora los veíamos frente a nuestras propias narices. Algún pequeño lago empezándose a congelar; cabras caminando por las rocas puntiagudas desafiando el vértigo y los precipicios; y nosotros, diminutos, inmersos en ese paisaje que hace de cada foto una postal.

Al llegar a destino, una gran terraza permitía una vista de trescientos sesenta grados. Dejando contemplar uno de los picos más altos de Europa como el Jungfrau con sus 4.158 metros de altura.

Estábamos tan cerca de la nieve, y no podíamos tocarla. El impedimento: una simple cuerda que impedía bajar de la terraza y poder caminar por la cima de la montaña.

Al igual que otros turistas, pasamos pese a la prohibición, y empezamos a caminar con cuidado por un terreno peligroso, pues la nieve congelada, hacía que las rocas estuviesen resbaladizas.

Unos metros más allá, abundante nieve le daba la bienvenida a Cecilia quien no se contuvo y salió corriendo para tocarla. Qué felicidad!

De todas formas esa nieve estaba dura, como la escarcha del freezer. Pero después encontramos nieve de esa que al soplarla se vuela. Esa sí es nieve!

Sosteniendo a Cecilia de la mano con tanta fuerza que parecía quedarme con sus dedos al soltarla, caminamos con mucho cuidado. Es que a ambos lados habían precipicios de cientos de metros de altura. Pero la emoción y excitación hacían que no viéramos el peligro con el respeto que se merece.

Nos sentamos con los pies colgando, y disfrutando de la vista, del aire fresco, y del sol, nos quedamos largo rato conversando y filosofando de la vida. Como si aún tuviéramos cosas que conocer del otro después de tantos años juntos. Los turistas se fueron, y quedamos solos con el ruido del silencio. Cuánta tranquilidad se respiraba allí, cuánta paz.


Cuando el sol dejó de darnos ese calor que impide que nuestra piel se reseque del frío, caminamos hasta la terraza, y emprendimos el regreso haciendo las mismas escalas, pero esta vez en sentido inverso. Al llegar al auto, ya había atardecido, y nos fuimos a cenar a la orilla de uno de los lagos de Interlaken. Luego de eso, nos dirigimos a un punto P para pasar la noche.

Al otro día, fuimos a Grindelwald, pues tenía intenciones de ir a ver un lago que parece un verdadero espejo del cielo, su nombre Balchpasse, se debe ir también en funicular, y después caminar un trayecto por la montaña. Lamentablemente, como ya nos encontrábamos en estación de nieve, estaba cerrado el funicular, con lo cual es imposible llegar a dicho lago.

Sin otra opción que recorrer Grindelwald, lo hicimos, y después emprendimos viaje hacia Lucerna, donde disfrutamos de sus calles, de su tradicional puente de madera que atraviesa un hermoso lago lleno de cisnes, y de un león tallado en la piedra de una colina.

Después de nuestra visita a esta ciudad, y de haber estado en el techo de los Alpes suizos, volvimos a Locarno, para disfrutar de nuestra sobrinita durante dos días más.

viernes, 4 de noviembre de 2011

ITALIA – MILAN

Después de unas horas de viaje desde la ciudad de la torre torcida, llegamos a Milán, una de las capitales mundiales de la moda. Lejos de sentirnos como sapos de otro poso, estacionamos el auto, Cecilia se puso las botas de la Villa Bierritz, yo la campera nueva de liquidación, y salimos a llevarnos a Milán por delante. Cierto es que al ser Domingo, no pudimos apreciar el “glamour” de los propios ciudadanos milaneses, pero Milán no es solo moda, también tiene otras cosas interesantes para ver y contemplar.

Por ejemplo tiene su gran duomo que consiste en una gran catedral gótica. Pero sinceramente la catedral de Estrasburgo al este de Francia es mucho más imponente que esta de Milán. Pero el marketing lo es todo, y la multitud se aglomera para fotografiarse frente a la catedral gótica más famosa de Italia.

También está la Galería del Duomo, donde se encuentran grandes marcas de ropa, relojes y demás. También se ve la gran “M” de una de las cadenas de comida rápida más famosa del mundo. Pero en vez de color amarillo, está de un color más acorde a la galería, de dorado.

Aquí en la galería, se encuentra en el piso, un mosaico de un león, y se tiene la tradición de pisarle con el talón sus testículos, y dar una vuelta. Esto garantizaría el retorno en un futuro a la ciudad. No sé si será verdad o no, pero yo lo hice hace siete años atrás, y ahora, estaba nuevamente visitando Milán. Para seguir con la tradición, Cecilia y yo le pisamos los testículos, quién sabe si no tendremos nuevamente la posibilidad de darnos una vuelta por la ciudad en algún año próximo.

También fuimos al Castillo Sforzesco, de camino, vimos banderas de distintos países colgadas de las columnas. Vimos una de las más lindas como es la nuestra, la de nuestro querido Uruguay.

Llegando al castillo, muchos africanos vendían imitaciones de carteras de marcas famosas, mientras cientos de turistas se aglomeraban para entrar al castillo.

Nosotros, antes de atravesar el castillo para llegar a un extenso parque ubicado del otro lado, nos compramos unas castañas calientes, y nos sentamos en un banco contemplando el lugar y a la gente.

Al cabo de unas horas, dimos por culminada nuestra visita a esta ciudad que, en lo personal, no se encuentra dentro de las más pintorescas, pero de todas formas vale la pena visitarla, pues es un icono para el país de forma de bota.

Emprendimos viaje nuevamente hacia Suiza, hasta la casa de mi hermana, para seguir disfrutando de su compañía, y seguir mimoseando a nuestra amada sobrinita.

jueves, 3 de noviembre de 2011

ITALIA – LUCCA y PISA

Lucca es una pequeña ciudad que se encuentra entre Florencia y la tan famosa Pisa. Buscando pueblos pintorescos de Italia cercanos a Florencia, nuestro amigo internet, nos decía que Lucca tiene su casco histórico rodeado por una gran muralla que increíblemente se mantiene de forma intacta.

Así, creíamos llegar a un pueblo tranquilo, donde el sol garantizaría una mañana agradable para recorrer sus calles y enormes catedrales.

Pero resulta que había tráfico para entrar a Lucca, pues al salir de cualquier autopista italiana, se debe pagar peaje, y las dos garitas habilitadas no daban a vasto para una fila de autos que parecía no tener fin. En seguida se me vino a la mente preguntarme si estaba yendo a un pueblo tranquilo.

Lo cierto es que tras una hora de espera para salir de la autopista, yo ya había perdido la tranquilidad, y con un mal humor insoportable, me adelanté unos cuantos metros por la banquina, evitando de esta manera unos cuantos minutos más de espera, pero ganándome también varios hocinazos e insultos de los autos que adelantaba.

Logramos entrar a la ciudad recién a las diez de la mañana, y al hacerlo, entendimos el por qué tanto tráfico. Es que se estaba conmemorando el “Lucca Comics and Games 2011”. Un festival donde todo el mundo se disfraza de algún comic, como ser Capitán América, Los Pitufos, Avatar, o de cualquier cosa. Pero la idea es disfrazarse.

Por eso nos encontramos con una ciudad repleta de gente. La gran mayoría disfrazada, encontrando a niños, jóvenes y adultos, siendo protagonistas de una jornada que prometía ser muy divertida. Nos llamó la atención que no vimos a nadie tomando alcohol. Claro está que debe estar prohibido, pero en un festival, donde hay mayoritariamente jóvenes dispuestos a quebrantar reglas, era de esperarse algún inconveniente. Pero más lejos de eso, todos se divertían sanamente, y posaban para las fotos que los turistas les sacaban.

Después de algunas horas disfrutando de la fiesta y de la ciudad, nos fuimos pese a no querer hacerlo, pero nos esperaba Pisa para conocer su famosa torre inclinada.

Previo a entrar a Pisa, nos dirigimos a un enorme parque que parecía ser una especie de hipódromo, y allí cocinamos unos tallarines con una salsa de champiñones espectaculares. Ahora sí, con la panza llena, estábamos prontos para ver la torre.

Al llegar al lugar, no podía creer lo que veía. Es que son muchos los documentales, las fotos y noticias que hemos visto en tantos años sobre esta torre que se inclina cada vez más, pero que con la ayuda de ingenieros y arquitectos, no se cae nunca.

Tenía una felicidad enorme, y Cecilia no entendía tanto el por qué de mi alegría sino estábamos frente a la Torre Eiffel. Es verdad que uno se imagina una torre de Pisa de un tamaño monumental, pero lejos de serlo, hace que su inclinación y su belleza llamen mucho la atención. Tanto, que el hermoso Duomo que se encuentra a su lado, pasa prácticamente desapercibido.

Nos quedamos un buen rato en el parque que rodea la torre, y después fuimos a pasear un poco por el resto de la ciudad. Tiene un río que la atraviesa, arrojando por momentos imágenes parecidas a las de Florencia.

Culminamos el día pasando nuevamente por la principal atracción de la ciudad, e increíblemente, no estaba iluminada como uno se lo espera.

Terminamos nuestra visita de la ciudad, y no paraba de pensar en el día que habíamos pasado. Empecé con un gran mal humor debido al tráfico, seguí con una incertidumbre por el festival de comics de Lucca, y terminé lleno de emoción tras lograr estar a metros de una torre que parece se caerá encima de uno, la Torre de Pisa.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ITALIA – FLORENCIA

En un viaje que nos llevó casi toda la mañana, arribamos a Florencia, y tras dejar el auto en un estacionamiento cerca de una oficina de turismo, solicitamos un mapa, y emprendimos nuestra visita a la ciudad.

Tres cosas son las más importantes de ver: el enorme Duomo, el Puente Viejo con sus joyerías en sus costados, y el majestuoso David. Después también hay otras tantas cosas interesantes como ser por ejemplo la casa de Dante, aquel que escribió La Divina Comedia.

Caminamos, disfrutamos, y vimos lo que hay que ver en una ciudad hermosa como es Florencia. Su Duomo es algo espectacular. Verlo nos hace sentirnos diminutos frente a lo grandioso de su tamaño y arquitectura. Sus calles son muy lindas, con sus adoquines, sus tiendas, bares, heladerías.

Seguimos caminando, y llegamos hasta donde se encuentra, junto a otras esculturas, David. En realidad es una réplica idéntica a la original que se encuentra en un museo en la otra punta de la ciudad. Pero como nosotros sabemos muy poco de esculturas, no nos gustan los museos, y no entendemos por qué David es tan famoso habiendo esculturas mucho más extravagantes, decidimos pasar a ver la réplica que se encuentra, igual de desnudo que la original, pero al aire libre.

Después fuimos a al rambla con una hermosa vista del Puente Viejo. Allí nos quedamos un rato descansando y disfrutando del ambiente y del entorno de esta parte de la ciudad florentina.

Cruzamos el puente, y después de un rato, ya cuando el sol empezaba a generar menos calor, volvimos a buscar el auto para ir a un punto alto de la ciudad, para contemplar desde allí, una vista panorámica espectacular.

Se hizo la noche, cenamos sentados en el auto unos sándwiches, y nos fuimos hasta un shopping a pasear mientras pasaba el tiempo, pues esa noche dormiríamos en un punto P, y no queríamos tener que dormirnos tan temprano.

Abandonamos Florencia, teniendo una imagen muy bonita de la ciudad. Sentimos que nos faltó vivir un poco más el ambiente, chocarnos más con la gente, pero de todas formas nos fuimos satisfechos del paseo realizado esa soleada y calurosa tarde otoñal.

ITALIA – VENECIA

Dejamos atrás Verona, y nos dirigimos hacia Mestre, ciudad previa a llegar a Venecia. Allí en Mestre, fuimos al mismo camping que habíamos ido con mis amigos, pues también tenían unas especies de pequeñas cabañas con baño y cocina que para estar con Cecilia era más confortable. Podíamos dejar el auto en el camping, e ir hacia Venecia en ómnibus en menos de diez minutos.

De más está contarles que las únicas calles por donde circulan vehículos en Venecia, son las que componen una plaza llamada Roma. Desde ahí, tenés que moverte a pie, o en los taxi botes, o en los bus botes, y para los que andan mejor de presupuesto, en góndolas.

Después de instalarnos en el camping y de cocinar para almorzar, nos fuimos, paraguas en mano, hacia una de las ciudades más famosas del mundo.

Empezamos a caminar por esas calles angostas y pintorescas, cruzábamos puentes sobre los canales que componen el fiel paisaje de Venecia, y Cecilia se emocionaba de estar allí; y yo, seguía maravillándome pese a ser ésta, la tercera vez que visitaba esta ciudad. La primera fue hace siete años con mi hermana, y la segunda fue apenas un mes atrás con mis amigos.

Nos reíamos de ver a la gente intentando localizar en el mapa, con la mano en su mentón, la ubicación en la cual se encontraban. Nos reíamos porque aquí es imposible orientarse con un mapa. Lo que hay que hacer, es ver los carteles de las paredes que indican cual es la siguiente calle a tomar para ir al Puente de Rialto, o a la Plaza de San Marco, y de regreso, leer Ferrovía, o Plaza Roma (donde nos dejaba el ómnibus).

Claro está que si te hospedas en un hotel perdido en el medio de las callecitas y canales de Venecia, tendrías que preguntar en cada comercio que veas si conocen el hotel. Porque con un mapa no creo que se tenga demasiada suerte.

Yo creo que lo lindo de Venecia precisamente es perderse e ir recorriendo y admirando cómo hay personas que pueden vivir en ese lugar con tantos turistas, y con tanta humedad.

Llegamos al Puente de Rialto, desde donde se tiene una vista típica de la ciudad. Empezó a llover fuerte, y abrimos los paraguas para protegernos del agua. Ni que hablar que este tipo de paisaje con lluvia no era muy alentador, pero intentaba mantener la calma y la alegría pues era la primera vez que Cecilia veía la ciudad.

Seguimos caminando, y llegamos a la tan ansiada Plaza de San Marco. Muchísimas palomas revolotean la zona. Y los turistas, principalmente los japoneses, como si nunca hubiesen visto un ejemplar de esta ave gris que habita en cada plaza de cada ciudad del mundo, se sacaban miles de fotos con ellas, en vez de fotografiarse con las góndolas, las cuales sí son únicas y hermosas.

En fin, nosotros nos encontrábamos allí, disfrutando de la ciudad, con la lluvia que ya había cesado.

Fuimos a ver el Puente de los Suspiros, que es otra cosa que reúne multitudes, pero lo estaban restaurando, lográndose ver solo asquerosas cuerdas y andamios.

Luego de un rato, retomamos camino hasta la Plaza de Roma. Agotados de tanto caminar, nos tomamos el ómnibus, y descansamos cómodamente en la cabañita del camping.

Pero señores, no podía permitir que Cecilia se vaya de Venecia teniendo fotos con el paraguas sobre su cabeza. Por eso, decidimos quedarnos un día más, pues garantizaban cielo despejado para el siguiente día.

Fue así, como después de almorzar, y con el sol  delante de algunas escasas nubes, volvimos a Venecia, y caminando nos volvíamos a perder entre sus callecitas y canales. Los paisajes ciudadanos eran más lindos en este soleado día, y nosotros aprovechábamos para fotografiarnos formando parte de dicho entorno.

Al cabo de unas horas, volvimos al camping, donde pasamos nuestra última noche, previo a visitar otra importante ciudad italiana: Florencia.

domingo, 30 de octubre de 2011

ITALIA – VERONA y SIRMIONE

Salimos temprano en la mañana de Locarno rumbo a Verona, ciudad italiana conocida principalmente por encontrarse allí, el balcón en el cual Julieta se asomaba y veía cómo Romeo, enamorado, le recitaba poemas de amor.

Afortunadamente ya conocía esta ciudad. Había tenido el placer de conocerla junto a mi hermana hace siete inviernos atrás. Ahora, en otoño, lo haría con Cecilia y podría saber con mayor facilidad qué lugares visitar.

Llegamos y fuimos directo a un hostal que habíamos visto en Internet. Afortunadamente no habíamos hecho la reserva, ya que al llegar a la dirección indicada, sólo encontramos una peluquería.

Pero como todo contador precavido, había anotado otra dirección, y hasta allá fuimos. Éste en realidad no era un hostal, se conocen como “Bed and Breackfast” (cama y desayuno), y consisten básicamente en un gran apartamento, que te alquilan un dormitorio, y te dan el desayuno. A nosotros, esta vez, nos servían el desayuno en un bar cercano al apartamento. Como Cecilia es celíaca, no podía desayunar nada de lo que nos servían en el bar, por lo que mi porción se duplicaba.

Yendo a este bar a desayunar, pudimos ver cómo tienen la costumbre del café los italianos. Pero no sólo el café de la tarde, sino también el de la mañana. Leen el diario, y comentan y discuten las noticias de una mesa a la otra.

Ahora bien, nos instalamos, dejamos el auto en un estacionamiento muy barato cerca del apartamento, y salimos a caminar por las pintorescas calles de Verona. Tras cruzar el puente que quedaba justo en la esquina de nuestro “Bed and Breackfast”, teníamos que caminar tan solo unas cinco cuadras para toparnos con la fachada de la casa de Julieta.

Digno es decirlo que si no es por la multitud que asoma, uno no se percata que allí está la mayor atracción turística de la ciudad. Es que los enamorados no paran de escribir sus nombres en la pared, pero ahora no sólo lo hacen con lapicera, sino que han llegado a hacerlo hasta con graffiti, dándole un aspecto más espeluznante que otra cosa.

Pero al pasar al fondo, hasta un pequeño patio interno, logramos ver el sencillo balcón de Julieta. También hay una estatua de ella, y la tradición indica que hay que sacarse una foto tocándole un ceno. No me pregunten por qué, pero la mayoría eligió el derecho, y es así como le brilla el bronce de tanto toqueteo.

También hay que decir que todo el mundo queda mirando a los alrededores en busca de Romeo. Pero éste no está por ninguna parte. Sólo se encuentra su nombre grabado en los miles de souvenires que una tienda prácticamente debajo del balcón ofrece a los turistas que hasta allí llegan desde distintas partes del mundo.

Seguimos caminando por la ciudad, topándonos con bonitas plazas, fuentes, iglesias y puentes. Precisamente cruzamos un puente denominado El Puente de Piedra, que fue construido por los romanos. Allí cerca también pudimos apreciar ruinas de esta civilización de épocas de antaño.

Empezó a garuar, y nosotros comenzamos nuestro retorno al apartamento para descansar un rato después de toda una tarde caminando y disfrutando de la ciudad.

Como aún no habíamos llegado a ir hasta el Arenas, (una especie de pequeño Coliseo), decidimos ir de noche, y de paso ver el movimiento nocturno de Verona. Obviamente salimos de paraguas, porque el agua seguía cayendo del cielo. Tal vez esta fue la razón por la cual no vimos mucha gente en el centro de la ciudad. Caminamos por una peatonal, y de regreso, pasamos nuevamente por la casa de Julieta. Si de día ya te daba miedo, imagínense de noche, lloviendo, y con la calle vacía.

Al otro día por la mañana pese a la lluvia, quisimos hacer el mismo recorrido que habíamos realizado por la noche, pues la peatonal tenía muchos comercios, algunos de los cuales queríamos visitar para ver si podíamos aprovechar algunas liquidaciones.

Por la tarde, agarramos el auto, y nos fuimos hacia un lugar que nos había aconsejado el dueño del apartamento. Este lugar se llama Sirmione y queda a casi una hora de Verona.

¿Qué decirles de este pueblo, o mejor dicho, de este balneario? Tal vez decirles que su visita es altamente recomendable. Fue una pena haberlo visitado con lluvia, pero fue el día que nos tocó, y tratamos de disfrutarlo igual.

Sirmione es como una angosta península en un enorme lago. Tan angosta que solo tiene una calle de punta a punta. Este lago tiene alto contenido de azufre, lo que hace que su color sea muy llamativo. Es un color turquesa muy intenso. Pero no solo esto lo hace peculiar, sino también su castillo con su fosa que lo rodea.

Hay muchísimos hoteles, restaurantes, comercios. Algunos cerrados pues ya se está en baja temporada. ¡Cómo nos hubiese gustado conocer este balneario en verano! Debe de ser fantástico.


En fin, seguimos recorriendo balnearios a orillas de este lago, como ser Garda y Lazise. También hermosísimos. Ahora entendíamos por qué el GPS nos informaba que había muchísimos campings a orillas de este lago. Es que cada lugar es un centro turístico muy importante. Indagando un poco más, nos decían que austriacos, suizos y los propios italianos, son los turistas predominantes en la alta temporada.

Cansados de tanta lluvia, y apenados de no haber conocido estos maravillosos balnearios en el verano, regresamos a Verona, donde pasaríamos nuestra segunda y última noche, previo a dirigirnos a otro punto alto de esta Etapa del viaje compartida con Cecilia: la romántica Venecia.

jueves, 27 de octubre de 2011

SUIZA – LOCARNO con Cecilia

Llegamos a Locarno, y volví a ver a mi hermana y a mi sobrina. Cecilia por su parte, conocería por primera vez a su sobrina, por lo que estábamos muy ansiosos los dos por verlas.

Es increíble, pero de ver a mi hermana una vez por año, ahora tenía la posibilidad de volverla a ver al cabo de apenas quince días. De más está decirles que lo que crecen los bebés en dos semanas es impresionante.

Pasamos unos cuatro días espectaculares en ese pueblo al sur de Suiza. Salimos a pasear por sus calles, ya con una temperatura bastante baja que hacía que nos peleáramos por un rayo de sol que sirviera para calentarnos un poco el cuerpo.

El último día, fuimos con Cecilia hacia Cannobio, un pueblito italiano cerca de allí, que queda también a la orilla del Lago Mayor. A este lugar ya había ido con mis padres, pero quería volver a ir con mi novia, para que ella también conozca ese lugar con su feria dominical.

Venden ropa y accesorios. Pero también venden quesos, salamines y jamones crudos. Te dan para degustar el que quieras, y es muy divertido verlos vender, porque realmente nos recuerda que somos descendientes de italianos, bochincheros, gritones, alegres.

Volvimos a Locarno, y aprovechamos las últimas horas en familia, pues al otro día de mañana, ya nos marcharíamos para recorrer en una semana algunas hermosas ciudades del norte de Italia.

La despedida no fue tan dura pues al cabo de esa semana volveremos a visitar a mi hermana unos días más, intercalando esa visita con idas hacia el centro de Suiza para conocer, de cerca, los Alpes que tanto embellecen las postales de esa zona.

miércoles, 26 de octubre de 2011

MONT BLANC y VERBANIA

Nuestro siguiente destino era Locarno, ciudad al sur de Suiza donde vive mi hermana. Lugar a donde había ido hacía dos semanas a verla a ella, a mi sobrina, y a mis padres.

No podíamos ir de manera directa, pues no existe ruta que atraviese a lo largo los Alpes. Por lo tanto teníamos dos alternativas. Una era subir al norte y empezar a bajar por el medio de suiza; y la otra era ir hacia el sur, a territorio italiano, y luego empezar a subir.

La primera opción no me pareció la más conveniente puesto que en los próximos días iremos al centro de Suiza, y tomaremos gran parte de esa ruta. Por lo que nos decidimos por ir pasando previamente por Italia.

Pero además, este camino tenía un condimento muy fuerte: el Mont Blanc. Esto es la montaña más alta de Europa, con sus 4.810 metros de altura que hacen que en su cumbre haya nieves eternas, y decenas de glaciares con sus hielos milenarios.

Recuerden que cuando salimos de Ginebra en la mañana, la lluvia golpeaba incesantemente el parabrisa del auto. Cuando empezamos a cruzar los Alpes de Norte a Sur, las nubes no permitían ver las cimas de las montañas más altas. Cuando nos topamos con el Mont Blanc, nos quedamos azorados de su gran tamaño, y si bien no pudimos ver su cúspide, vimos sus laderas cubiertas de nieve.

La ruta nos dejaba unos paisajes increíbles, mucho más disfrutables sin lluvia, pero de todas formas no parábamos de maravillarnos. Cuando empezamos a subir esta gran montaña, la altura se hacía sentir al taparse los oídos.

De repente, al cabo de una sinuosa curva, nos topamos con un enorme glaciar, su nombre: Bossons. Era increíble lo cerca que lo veíamos. Estaba como colgando de la montaña.


Obviamente para cruzar el Mont Blanc, no se sube hasta la cima, sino que se debe cruzar un túnel de unos once kilómetros, los cuales duelen unos treinta y seis euros de peaje, que sumados al resto de peajes pagados con posterioridad ya en territorio italiano, dan una espeluznante cifra de algo más de sesenta euros.

Pero señores, seamos sinceros, los volvería a pagar con tal de ver los paisajes de la zona. Y si se lograran ver con el cielo despejado, pagaría aún más.

Pero antes de cruzar el túnel, precisamente una curva antes, vimos al costado de la ruta como un techito, y allí decidimos armar la mesa para almorzar. Es verdad que Cecilia terminó comiendo con la frazada en su falda, pero nos dimos el lujo de comer unos exquisitos tallarines en el Mont Blanc, a metros de uno de sus glaciares.

Luego de almorzar, de cruzar el túnel, y de salir de la autopista italiana con sus elevados peajes, nos encontramos con el Lago Mayor, que es un lago alargado de Norte a Sur, y que por la mitad se encuentra la frontera italiana-suiza. Locarno está ubicado al Norte donde termina el lago.

Pero antes de llegar a la casa de mi hermana, era tanto el dolor de cabeza que tenía después de viajar tantos kilómetros concentrado en la ruta mojada por la lluvia, que decidimos pasar la noche unos kilómetros antes, en un hermosísimo lugar de Italia llamado Verbania. Este pueblo se encuentra al igual que Locarno, a orillas del lago.

Tras encontrar un espectacular hostal perdido entre las calles de la ladera de la montaña, pudimos descansar de un día lluvioso, pero con el placer de haber visto la montaña más alta de Europa.

Al otro día por la mañana, con el sol imponiendo su presencia en el cielo, fuimos unos minutos a ver cómo cambia el paisaje de lagos y montañas con un sol brillante.

Verbania, al igual que todos los pueblos que quedan a la orilla de este lago, es un lugar muy pintoresco. Empezamos a ir por un camino bordeando el lago, hasta llegar luego de cruzar la frontera, a Locarno. Allí, nos reencontraríamos con mi hermana, para pasar cuatro días en familia.