Mostrando las entradas con la etiqueta 10 - Indonesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 10 - Indonesia. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de abril de 2011

SUMATRA – Día 3

Al despertar, nos levantamos suavemente pues nuestras espaldas estaban doloridas. Desayunamos café caliente con galletitas, nos hicieron otros juegos de ingenio, y antes de volver a Bukit Lawang en rafting, fuimos a conocer una cascada cerca del campamento. 

Dicha cascada estaba como a quinientos metros río arriba, pero del otro lado. Empezamos a caminar por el costado del río de chancletas, sobre piedras mojadas. En determinados lugares tuvimos que escalar piedras agarrados de raíces que sobresalían de ellas. En nuestra espalda el río con feroces corrientes y piedras. En ese momento pensaba: "si me vieran caminando por aca, me matan", pero la adrenalina podía más, y hacía que avanzaramos rápidamente.

Debíamos cruzar el río, y aquí no teníamos una canoa que nos ayudara; debíamos hacerlo a nado entre la fuerte corriente. Por lo tanto, avanzamos un poco más para que al terminar de cruzar el río, la corriente nos arrastre hasta el lugar preciso. Y así fue como uno a uno nos lanzamos al río, nadando lo más rápido posible, con grandes brazadas y fuertes patadas que nos impulzaran a traves del agua helada.

Al lograr salir con vida de ese río, fuimos a la cascada para disfrutar de ese hermoso lugar.


Inmediatamente después de visitar la cascada, empezó a llover con mucha fuerza. Debíamos cruzar nuevamente el río para ir al campamento, pero esta vez lo cruzamos en unos gomones que no son más que unas llantas de camiones.

Llegamos al campamento y Ahmad Ray (el cocinero y mago) ya había desmantelado todo el campamento. Había puesto todas nuestras cosas en bolsas de nylon para que no se mojen, y ahora se encontraba armando el bote con el que haríamos rafting para lograr llegar a Bukit Lawang. Ahmad Ray era el hombre multiuso, hacía de todo, y lo hacía bien. El bote constaba de tres cubiertas de tractor y dos de camión; todas unidas con piolas y unos nudos que hacía Ahmad Ray, lo que nos generaba absoluta confianza.


Ya nos empezaba a dar frío tanta lluvia, pero la adrenalina hacía que aún tengamos el cuerpo caliente. Una vez pronto el bote, nos sentamos dos por llanta, en los extremos sólo una persona con largos palos tipo lanzas. Atrás Cucumber, que con su lanza intentaría mantener el bote derecho para evitar volcar en el medio del río. Adelante, como no podía ser de otra manera, nuestro capitán Ahmad Ray, esquivando las rocas del río y gritando "Uruguay nomá" cada vez que nos agitábamos para todos lados por los remolinos que causaban las rocas del río.

La lluvia nos acompañó durante los treinta minutos de travesía. Una experiencia inolvidable íbamos dejando atrás al llegar, pasado el mediodía, a Bukit Lawang.

Nos despedimos de estos hombres, y nos fuimos nuevamente tras más de dos horas de viaje a Medan, ahora con el sol brillante en el cielo. 

Una vez llegados a Medan, vimos el caos del tránsito de esta ciudad. Nos alojamos en un hostal cerca del aeropuerto, pues el vuelo era muy temprano en la mañana. Quedaba cerca también de una mezquita, y esto lo descubrimos a las cuatro de la mañana cuando empezaron a cantar, o tal vez a rezar por parlantes que hacía que pareciera tener a un montón de musulmanes dentro del cuarto. De todas formas disfruté bastante la estadía, pues esto de la mezquita es cosa de la vida cotidiana de las personas que viven en Medan.

SUMATRA – Día 2

Me despierto temprano en la mañana y aún sigo sintiendo ruido de lluvia. Me levanto resignado, amargado, me dirijo al balcón, y nada de lluvia! El ruido que escuchaba, era el del río con esos rápidos que asustaban sólo de verlos. Me volvió el alma al cuerpo! No llovía más!

Nos levantamos todos, desayunamos, aprontamos las mochilas, y partimos rumbo al corazón de la selva del norte de Sumatra.

Para comenzar la caminata, debimos cruzar el río en una especie de canoa a la cual le entraba agua a raudales. Ésta canoa la cinchaban con una cuerda desde la otra orilla. Una vez del otro lado, apretamos los dientes, y empezamos a caminar por ese suelo agreste, mucho barro (por la lluvia de la noche anterior), muchas hojas de distinto tipo de vegetación, muchos insectos, mucho calor!


No se imaginan la humedad que hay en la selva, estás parado tranquilo, y las gotas de transpiración salen por todos tus poros. Fundamental la hidratación.

Pasamos por un lugar donde unos hombres alimentan a los orangutanes, ahí por primera vez vimos a estos extraordinarios mamíferos que pueden llegar a estar colgados de los árboles por más de tres horas sin soltarse. Imagínense la fuerza de sus extremidades. De ahí la necesidad de ir con dos guías en esta aventura, para prevenir enfrentamientos con orangutanes agresivos.


Seguimos nuestra caminata ya felices de haber visto a estos animales en su hábitat natural. Mucho cansancio al caminar subiendo y bajando colinas, entre ramas, barro, y mucha vegetación. Por momentos se hacía casi que imposible el paso. Con el sólo hecho de imaginarme la cantidad de insectos y reptiles que deben de vivir por debajo de las hojas marchitas del suelo, se me paralizaba el corazón. Vimos por ejemplo hormigas de más de dos centímetros de largo, eran enormes. Estos insectos nos acompañaron durante toda la travesía. 


En un determinado momento, nos topamos con un mono, los llamados punky monkies, pues tienen una cresta en su cabeza muy cómica. Llegamos a estar a menos de un metro de este animal, el cual se encontraba muy tranquilo sentado en una rama. Aprovechamos para sacarnos fotos, y seguimos con destino al precario campamento que nos esperaba a la orilla del río.


Las lianas, fueron nuestras aliadas a lo largo de toda la caminata, pues sin aferrarnos a ellas en cada paso que dábamos, hubiese sido imposible transitar por la selva.

Matías no paraba de asombrarse de la cantidad de ruido que hay en la selva, es que si no eran los gritos de los monos, eran los insectos y pájaros que hacían que el silencio nunca se hiciera presente.

Volvimos a ver orangutanes a lo alto de un árbol. Observamos sus movimientos, cómo se desplazan de un árbol a otro utilizando su peso para doblar la rama y pararse en otra. Ésta es una de las tantas diferencias con otros monos que saltan de un árbol a otro.

Al llegar a una cañada tupida de vegetación, paramos a refrescarnos y a almorzar. Sentados en las piedras comimos con la mano arroz con vegetales hervidos que traían los dos guías en sus mochilas. Muy rica la comida, hasta postre y todo. Comimos ananá. Y ahí en el medio de la nada, sentados en las piedras de una cañada, tuvimos nuestra primera ingesta en la selva.


Seguimos nuestra agotadora caminata viendo monos en los árboles. De repente empezamos a sentir truenos, amenazando con lanzar agua en cualquier momento. Ahí empecé con la ansiedad de querer llegar al campamento, pues si ya era resbaladizo con lo que había llovido en la noche anterior, no me quería imaginar lo que podía llegar a ser la caminata bajo lluvia. Por suerte la naturaleza estuvo de nuestro lado, y no llovió hasta unas horas después.


Faltando poco para llegar al campamento, cruzamos otra cañada, piso unas piedras, y me voy de canto al agua! Los dos pies y la cola al agua! Qué bronca! El calzado mojado. Seguí el camino chapoteando.

Tras seis horas de caminar en la selva, llegamos al campamento que se ubicaba en la orilla del río, el mismo río en el que se encuentra Bukit Lawang. Allí nos esperaba el cocinero, Ahmad Ray, un hombre gordo, robusto, y muy cómico. Mientras él cocinaba, nosotros aprovechamos para refrescarnos en el río de agua cristalina. Debíamos bañarnos en la orilla, pues la corriente, fuertísima amenazaba siempre con arrastrarte.


Tomamos café caliente con galletitas, y recién allí, empezó a llover mansamente. Ahmad Ray seguía cocinando, mientras nosotros nos poníamos ropa seca, y acomodábamos nuestras cosas en la tienda. Yo seguía preocupado por mi calzado empapado.

Uno de los guías, Willpan, empezó a armar lo que luego sería una gran fogata que serviría para iluminar la zona, ahuyentar a los animales, y secar mi calzado. A éste guía, lo llamábamos el niño de la selva por su parecido al protagonista de dicha película. Era muy tímido, hablaba poco y observaba muchísimo.

El otro guía, Cucumber, ayudaba con todos los preparativos de la cena, mientras Ahmad Ray seguía cocinando. Nos causaba demasiada gracia el hecho de que se pasó cocinando toda la tarde. A la hora de la cena, las siete de la tarde, ya sin luz natural, nos preparamos para degustar los exquisitos platos a la luz de las velas, y alguna linterna que ayudaba a divisar mejor qué era lo que estábamos comiendo. 


Una vez satisfechos del gran banquete, nos preguntábamos qué hacer para matar el tiempo hasta la hora de dormir. Pero Ahmad Ray y Cucumber tenían todo planeado; empezaron a  realizar trucos con cartas de póker. Ellos lo llamaban “Budú Magic”. Nos entretuvieron bastante, e incluso nos enseñaron los trucos. Después nos desafiaron con varios juegos excelentes de lógica utilizando palitos. Y así riéndonos y conversando, de todo un poco, pasaron las horas, y el cansancio dijo basta, y nos dormimos. De más está decir, que descansamos acostados encima de una colchoneta de dos centímetros de alto. Pero la experiencia única hacía olvidarnos de esa incomodidad. Y ahí estábamos todos, acostados en la tienda, con la selva alrededor.

miércoles, 13 de abril de 2011

SUMATRA – Día 1

Cómo transmitirles una de las experiencias más extraordinarias jamás vivida. Cómo explicarles la emoción sentida cada vez que daba un paso en este lugar. Ya con el sólo hecho de imaginarme en mi cabeza un globo terráqueo, y señalar con la punta del dedo la parte del mundo en el cual estábamos, hacía que mi piel se erizara.  

Qué mejor que empezar por el principio... Una vez que llegamos a Bukit Lawang, nos presentamos ante el equipo que nos acompañaría en la selva.  El jefe: Obiwan, quien al final no nos acompañó en la travesía, pues estaba sufriendo grandes dolores de espalda. Ésta persona es todo un personaje, muy divertido, una risa contagiosa sin igual.


Como les decía en la entrada anterior, Bukit Lawang es un pueblito a lo largo de un río. En la orilla del frente, selva! Árboles enormes, con una altura tremenda. Dicen que se llegan a ver orangutanes que se acercan a esos árboles. Nosotros no tuvimos la suerte de verlos en ese lugar.

Los dormitorios donde pasaríamos la noche en el pueblito eran muy cómodos. Tenían una terraza desde donde podíamos apreciar la selva al otro lado del río. 

Almorzamos, mientras los truenos se hacían escuchar cada vez con más fuerza. Oscureció de golpe, y a las seis de la tarde ya estaba lloviendo por lo que nos fuimos a acostar para descansar hasta que parara de llover. El tema fue precisamente que la lluvia no paraba. De repente, apagón. Nos quedamos sin luz, como queriendo darnos una pista de lo que sería la noche en la selva.

Acostado boca arriba, con los ojos cerrados, escuchaba las gotas caer sobre el techo de chapa y no paraba de pensar qué haríamos al otro día si llovía, cómo poder caminar por la selva mojados, qué haríamos con las cámaras de fotos, eran tantas las preguntas que cruzaban de un lado a otro dentro de mi cabeza, que no lograba consentrarme para lograr dormir.

Y así, feliz de estar allí, pero preocupado por el ruido de la lluvia que no sesaba, pasó el primer día en Sumatra.

martes, 12 de abril de 2011

LLEGADA A SUMATRA

Tras un aterrizaje violento, pues el avión picó como dos o tres veces en la pista, llegamos al muy, pero muy (pondría más “muy pero muy”, pero para no ser tan monótono, la dejo por acá) precario Aeropuerto Internacional de Medan. No lo digo sólo porque nos bajamos en la pista de aterrizaje y de allí caminamos hasta el edificio porque esto también ya lo habíamos hecho en Bali, sino que lo denomino precario porque el edificio se caía a pedazos, sólo estaba el lugar para retirar las mochilas y después la calle.

Allí nos esperaba un hombre para llevarnos a la selva. Por eso a medida que pasaban los minutos, dejábamos atrás el bullicio de esta ciudad, para adentrarnos cada vez más en vegetación y más vegetación. Durante el camino, el conductor nos fue enseñando el idioma indionesio mientras se nos cruzaban por delante vacas, ovejas, motos y muchos pozos.

Después de dos horas, llegamos a Bukit Lawang, un pueblito a la orilla de un río en el medio de la selva de Sumatra. En este lugar nos dio la bienvenida Obiwan, un hombre de treinta años quien perdió a toda su familia tras romperse una represa natural río arriba e inundarse todo el pueblito.

En Bukit Lawang pasaríamos una noche, y al otro día en la mañana iríamos a la selva propiamente dicha para lograr ver distintas razas de monos, entre ellos los Orangutanes (Hombre de la Selva en malayo). Y ahí mismo, en la selva, en el medio de la nada, pasar una noche.

sábado, 9 de abril de 2011

YAKARTA

Llegamos a la capital de Indonesia de tardecita, y en el aeropuerto nos esperaba una persona con un cartelito con el nombre del Chelo para llevarnos al hostal que habíamos reservado por internet hace unos meses atrás.

El hombre no hablaba absolutamente nada inglés, sólo asentía con la cabeza y sonreía. Salimos del aeropuerto, y empezamos a adentrarnos en la ciudad de Yakarta que es enorme, aquí viven nueve millones de personas, asíque imaginensé lo enorme de la ciudad. 

Había una niebla que resulta que es smog. Hay un olor metálico en toda la ciudad. Mucha pobreza. Esto es todo lo que pudimos absorver en los primeros minutos transitando por la ciudad. Muchísimas autopistas. Después de casi una hora de viaje con el conductor que no pronunció palabra alguna, ni siquiera en indonesio, empezamos a pasar por edificios modernos, un shopping enorme. 

De repente se mete en una calle menos transitada, y textuales palabras de Matías "pensé que agarraba un atajo", dobló, frenó, pasó una barrera policial, y llegamos al pie de un altísimo edificio. Y acá estoy, en el piso veintiseis de una de las cuatro torres que componen un complejo rodeando unas gigantescas piscinas. Es el piso veintiseis, pero no tiene el piso trece, por lo que estaríamos en el veinticinco, pero tampoco tiene pisos terminados en cuatro, por lo que no tengo ni idea a cuántos pisos de altura estamos.


La habitación es un apartamento de dos dormitorios muy prolijo. Lo cómico de todo esto es que cuando hicimos la reserva, había una foto de una de las piscinas, y nosotros jorobábamos que con el precio que nos cobran, debería ser la piscina del hotel de al lado, pero no, efectivamente podemos hacer uso de esas instalaciones.


Esto no es un hotel, es un complejo de apartamentos en el cual el hostal tiene determinados dormitorios que alquila.

Durante el día, nos bañamos en la piscina, y en la tarde fuimos a un shopping aquí cerca. Nos sentíamos muy observados, nos miraban, y murmuraban y se reían. Es que claro, éramos los únicos cinco occidentales en los seis pisos del shopping.

Es verdad, no salimos a recorrer la ciudad, es que por lo que vimos anoche, no nos gustó demasiado. Distancias largas, y mucha gente. Por lo tanto no puedo sacar una opinión objetiva de esta ciudad pues no conocemos más que esta zona y el camino desde el aeropuerto hasta aquí.

viernes, 8 de abril de 2011

BALI – Días 8 y 9

La mañana en Ubud nos recibió con un diluvio que parecía no cesar y nosotros teníamos que volver a Kuta, a unos 25 km de distancia. Pero para esperar que pare la lluvia teníamos una actividad muy importante: ver el partido del Club Nacional de Fútbol contra el Fluminense por la Copa Libertadores de América.

Fuimos a las nueve de la mañana al restaurante al lado de nuestro hotel, en busca de un wi fi veloz que nos permitiera ver sin interrupciones todo el partido. Nacho, el Chelo y yo nerviosos, cantando junto con la hinchada que se encontraba al otro lado del planeta. Matías, manya empedernido esperando un gol de los brasileros.

Gran susto se pegaron los mozos cuando gritamos el primer gol, y ni les cuento el segundo! Ahora seguimos con chance de clasificar a los octavos de final. Veremos qué es lo que pasa.

Culminado el partido, la lluvia cesó, pero el cielo seguía encapotado con nubes amenazantes. Nosotros debíamos llegar antes de la una de la tarde a Kuta, pues teníamos que devolver las motos y retirar las mochilas de un cuarto del hotel, el cual habíamos pagado entre veintitrés compañeros para dejar el equipaje mientras nos íbamos a recorrer Bali en moto.

Por suerte, no fue hasta faltando unas cuadras, que se largó a llover torrencialmente. La cuestión es que llegamos empapados, pero a la una en punto, hora límite de llegada.

Aquí nos encontramos con Martín Cervini, alias el Ciervo que viene de recorrer la costa de oro australiana. El Ciervo se suma al plantel para pasar a ser cinco los compañeros de viaje hasta Filipinas inclusive.

Por la noche, los chiquilines salieron a divertirse, pero yo con un poco de dolor en la garganta (no sé si era por gritar los goles del partido, o por mojarnos con la lluvia), me acosté temprano para descansar.

El último día en Bali, se despide con lluvia. Aprontamos las mochilas, y nos tomamos un taxi hasta el aeropuerto para dirigirnos a nuestro nuevo destino: Yakarta.

jueves, 7 de abril de 2011

BALI – Día 7

Al no haber sido mutilados por el asesino serial del cuarto número tres, me levanté temprano y al asomarme a la terraza, quedé atónito, al encontrarme con lo que el día anterior era niebla, ahora se había transformado en el Volcán Batur, el volcán más activo de Bali (por supuesto esto último lo supimos al preguntar si el humo que salía era que estaban  quemando algo, pero obviamente ese humo provenía del cráter del volcán) tal vez de haberlo sabido antes, no hubiésemos dormido a muy poca distancia del lugar.


Hicimos un par de kilómetros para poder acceder a escalar el volcán. Ya cuando te vas acercando en moto, se ofrecen para hacerte de guía. Pero nosotros no queríamos pagar para subirlo. Sabíamos que había un templo a partir del cual podíamos empezar a escalarlo. Al encontrar el templo completamente abandonado al final de un camino cerrado de vegetación, dejamos las motos allí, y seguimos caminando con destino a lo más alto del cráter.

La vegetación cada vez más tupida hizo poner en tela de juicio si continuar o no, pues estábamos solos en el medio de la nada. La discusión estaba pareja, dos a dos. Y de repente, cuando estábamos por definir el tema, nos encontramos con un rancho de paja; tras golpear las manos, nos atiende un balinense joven y simpático. Le preguntamos para subir y nos dijo que estaba prohibido por el gobierno el paso a los turistas pues hace unos años una pareja de alemanes se cayeron y murieron. Por lo que ahora era obligatorio ir con guía.

Fue así que le preguntamos si nos acompañaba, y nos dijo que pese a que era su día de descanso lo haría. Pagamos una especie de entrada, y proseguimos con guía la caminata hacia lo más alto.

La caminata cada vez se ponía más dura, por momentos muy empinada. Estábamos a mil quinientos metros de altura y la escasez de oxígeno ya se notaba en el aire. Paramos para descansar una vez, dos veces, tres, y a la cuarta, Matías tiró la toalla y dijo con el poco aliento que le quedaba: “hasta acá llego yo, sigan ustedes”.  Nacho se adelantó junto con el guía, mientras el Chelo y yo, pasito tras pasito, lográbamos subir la ladera del Volcán Batur.

Tras casi dos horas de empinada subida, logramos llegar a lo más alto. La vista desde allí era fabulosa. Hasta logramos ver allá a lo lejos a Matías descansando. Pudimos ver de cerca humo saliendo del cráter. Había una parte con grietas en donde te acercabas y te quemabas del calor que salía de allí. Era increíble estar ahí, poniendo la mano en un agujero desde donde salía calor proveniente del centro de la tierra.


Ya recuperado el aliento empezamos a hablar con el guía. Su nombre era Lanang. Y entre tantas cosas nos decía que este volcán era el más activo de Bali, que su última erupción había sido en el año 2000 y su lava se podía ver ya solidificada por todo el valle. También nos decía que era considerada la montaña sagrada, y que los hindúes (religión que tiene más del 90% de la población de Bali como adeptos) la visitan diariamente para orar en ella.

Le comentábamos que la gente de Bali nos parecía muy amigable, y él nos contestaba que “debían serlo” pues comen todos los días gracias al turismo, que después de India, el gobierno de Indonesia es el más corrupto de todos. Otra cosa que le preguntamos fue si alguna vez había salido de Indonesia y nos dijo que ni siquiera había salido de la Isla de Bali, que nació en ese rancho donde lo encontramos, y ahí sigue viviendo. Es increíble lo que ayuda a valorar las cosas cuando se intercambian palabras con esta gente.


Nosotros ocho meses viajando y Lanang con sus veinte años no ha salido de esta isla que es apenas más grande que el departamento de Flores. Pucha que se aprende a respetar a las personas, y a valorar las oportunidades que uno tiene!

Comenzamos el descenso, alcanzamos a Matías, y una vez en el rancho de Lanang nos despedimos con un adiós sentido, deseándonos mucha suerte y sabiendo que las charlas con él, fueron igual o mejor que el simple hecho de haber llegado hasta la cima del Volcán Batur.



miércoles, 6 de abril de 2011

BALI – Día 6

Tras el desayuno, nos dirigimos al bosque de los monos en donde queda el denominado Templo de los Monos. Esto está ubicado a tan sólo dos kilómetros de nuestro hotel. Al llegar a la entrada del lugar, ya se empezaban a ver a estos simpáticos animales.

Entramos, con unas bananas que compramos en la entrada, y los monos se te abalanzaban en busca de una. Tal es así, que se te suben arriba hasta lograr su objetivo. Fue ahí cuando nos dimos cuenta que teníamos que esconder la fruta para que no te acosen.

Matías fue el primero en levantar la mano con una banana, y un mono se le tiró arriba, se le paró en el hombro, y obtuvo su premio. Yo quería hacer lo mismo, al igual que Matías, con un mono pequeño. Después de un rato de recorrer y ver cientos de monos por doquier, me atreví a hacerlo, pero mi experiencia no fue tan buena, pues el mono no sé que hizo que logró asustarme y así salí en la foto:


Termínense de reír de la foto che! Bueno, después de su carcajada, les comento que no me quería ir del lugar sin una foto con un mono en mis hombros, por eso, tras muchos intentos fallidos, logré la tan ansiada foto:


Después de pasar toda la mañana en este bosque, fuimos al hotel a refrescarnos en la piscina antes de hacer el check out.

A primera hora de la tarde, agarramos las motos y nos dirigimos con destino al Volcán Batur. De pasada apreciaríamos las famosas terrazas de arroz, de todas formas aquí en Ubud te puedes encontrar con plantaciones de arroz en el fondo de una casa, pero las terrazas quedan a unos kilómetros de aquí.

De más está decir, que el sólo hecho de hacer todo este camino en moto, te permite irte nutriendo metro tras metro de la cultura de este lugar maravilloso. Los niños saliendo de la escuela, las mujeres llevando cosas en la cabeza, gente trabajando en las plantaciones de arroz, entre tantas otras actividades de la vida cotidiana de estas personas que viven aquí en Bali.

Me olvidaba de contarles, que ni bien salimos de Ubud, Matías y el Chelo que iban en una moto nos perdieron de vista a Nacho y a mi. Nosotros llevábamos el GPS, por lo que los buscamos como una hora para ver si los encontrábamos. Pero no tuvimos suerte con lo que decidimos seguir viaje.

Llegamos a las terrazas de arroz, nos sacamos fotos y seguimos, es que el entusiasmo que teníamos, se nos fue apagando al ver que no encontraríamos a los chiquilines.
 


Seguimos rumbo al volcán, y en un abrir y cerrar de ojos, casi atropellamos a alguien que se cruzó en el camino. Pero resulta que ese alguien era Matías! Sí! Los encontramos! Yo no lo podía creer, me volvió el alma al cuerpo. Ahora sí me permitiría disfrutar al cien por ciento al estar los cuatro juntos.

En realidad no fue que casi lo atropellamos, pero queda mejor contarlo de esta manera…

Ya todos juntos seguimos rumbo al volcán, pero no sin antes hacer una parada en un lugar de donde se extrae uno de los cafés más caros del mundo. Entramos a una especie de quinta en donde se planta de todo, y obviamente café. Nos sentamos en una mesa rudimentaria, y no dieron para probar varios tipos de cafés, cual de todos más ricos. Obviamente que si queríamos probar el otro debíamos pagarlo. Una taza mediana cuesta un poco más de cien pesos uruguayos.

Se estarán preguntando por qué es uno de los más caros del mundo. Todo es consecuencia de su proceso de producción. Empieza en plantar café, cuando está casi para cosechar, una especie de hurón se come la planta, y tras pasar por todo su aparato digestivo, la defeca, y de ahí la limpian y se obtiene el grano de café. Como se ve en la foto de derecha a izquierda:
 

Al salir de este lugar, comenzó a llover, y aún quedaban como diez kilómetros para llegar a un pueblito al pie del volcán. Después de esperar un ratito a que dejara de llover tan fuerte, seguimos viaje. Empezó a llover más fuerte y paramos de nuevo para cubrirnos debajo de un techo. No sólo ya empezábamos a sentir frió porque nos mojábamos, sino porque también habíamos empezado a subir varios metros de altura por sobre el nivel del mar.

Con una llovizna copiosa y molesta, seguimos rumbo al volcán. La niebla cada vez más intensa no dejaba ver más allá de diez o veinte metros. Guiados por el GPS más que por nuestros propios ojos seguimos hasta una bifurcación en donde se encontraba un almacén. Preguntamos por el camino para ir al volcán y nos señalaban y decían “Ahí está” (en su inglés obviamente), pero “ahí” sólo se veía niebla. Un hombre que estaba en el almacén preguntó si queríamos hospedarnos en algún lugar. Y nosotros ya desesperados, con frío, y hasta nerviosos porque no sabíamos con exactitud dónde estábamos, accedimos.

Resulta que nos guió hasta un restaurante ahí cerquita, donde su dueño nos daría alojamiento. El tema es que nos alquiló un cuarto en una casa al fondo de su restaurante. Esa casa tenía un living con una gran terraza, después de la terraza precipicio y niebla; y tres dormitorios, uno con dos camas matrimoniales, otro con una sola, y otro que nunca supimos pues estuvo la puerta siempre cerrada y con la luz prendida.


Tapados con frazadas tirados en los sillones del living vimos una película mientras Matías dormía en el cuarto. Tras culminar la película trancamos las puertas de la casa, y nos fuimos a acostar no tan tranquilos al no saber si tras la puerta del cuarto número tres había alguien o algo…

lunes, 4 de abril de 2011

BALI - Día 6

Ubud... cómo contarlo, cómo describirlo...

Este sexto día en Bali, logramos encontrar la mística y el encanto que parecía no encontraríamos en esta isla Indonesa. Es que lejos del bullicio y turismo de Kuta, después de dos horas viajando en moto, llegamos a este pueblito ubicado en el centro de la isla llamado Ubud.

Llegamos a las dos de la tarde, almorzamos en uno de los lugares mas baratos que encontramos en la calle principal de este pueblo, y tras preguntarle a la moza por un hotel, nos aconsejó por el que estaba cruzando la cañada. Luego de almorzar, fuimos en busca del hospedaje. Seguimos el consejo de la moza y no quisimos ver más opciones. Nos decidimos por éste.

Es un hotel que se encuentra dentro de un templo construído en el Siglo XI, aproximadamente mil años atrás. Desde aquí no se escucha el ruido de la calle, sólo se aprecia el sonido del silencio. Se percibe una paz y una tranquilidad casi que inexplicable.

Recorrimos todo el templo, al cual se debe entrar con remera e incluso las mujeres menstruando tienen prohibida la entrada. Estatuas, ofrendas y fuentes es el común denominador de este lugar.

Sigo escribiendo, y no logro aún transmitir ésta tranquilidad, esta paz. Por la tarde estábamos con Nacho acostados en unas reposeras al costado de la piscina, y empezamos a divagar y a filosofar de la vida, sin lograr entender cómo era posible estar en el medio de un templo. Nos transportamos veinte años para adelante y juramos acordarnos de esta paz, de esta energía que se palpa con todo el cuerpo.

Empezamos a sentir música de tambores y logramos descubrir que provenían de algún lugar  aquí dentro. Nos dejamos guiar por el sonido hasta llegar al otro lado del santuario. Allí, se estaba desarrollando una especie de concierto, de ritual, con música típica, y bailarinas que se movían al ritmo de la música. Un escenario impresionante en el cual ya habíamos estado más temprano. Cobraban entrada para ver el espectáculo, pero nosotros ya estábamos dentro pues nuestro hotel precisamente queda en el predio de todo este milenario templo.

Realmente éste es el lugar de Bali que vale la pena conocer. Lejos están las playas, la muchedumbre, el bullicio. Acá te invade el silencio, la meditación, la tranquilidad y la paz...

BALI - Día 4 y 5

Tras una noche alocada, nos levantamos, nos bañamos en la piscina del hotel, y a la hora del check out nos fuimos a otro hotel acá en Kuta, en donde se están quedando otros compañeros del Grupo de Viaje. El hotel tiene una piscina con un bar y las habitaciones son más baratas. Por lo tanto sin dudarlo nos mudamos. Tendrían que habernos visto en una motito, cargados con las mochilas, bolsos y bolsitos por las callejuelas de Kuta. Muy divertido. 

Estos dos días nos dedicamos a descansar. Paseamos sólo por Kuta, por estas calles que cada vez que las ves, no das crédito cómo andan las motos, los autos y las personas sin que haya un sólo accidente. 



A la playa de Kuta sólo la vemos de lejos, pues es tanto la mugre, que da pena ir a ver ese desastre. Nos dedicamos más que nada a bañarnos en la piscina, y ponernos al día con estos compañeros de viaje que nos encontramos en este hotel.





El Sábado a la noche salimos sólo con Nacho, pues Matías estaba muy cansado y el chelo con fiebre. La locura bajó varios escalones con respecto a la locura vivida el Viernes por la noche; es que la gente estaba más tranquila, me imagino que era porque la cerveza barata es sólo los Viernes!

Hoy lunes nos preparamos para ir al centro de la isla de Bali.  Iremos a Ubud, al templo de los monos, veamos como nos deslumbran esos lugares...

sábado, 2 de abril de 2011

NOCHE EN KUTA

Las calles de Kuta, o mejor dicho las callejuelas son un caos. Autos, motos y personas que van y vienen, por unos lugares tan estrechos que hacen que haya embotellamientos a cada rato. Empezamos a caminar por una calle principal por donde hay tiendas una al lado de la otra. Los comerciantes te llaman, te agarran y te llevan para venderte lo que sea. Si estás sin lentes de sol, ya te ofrecen unos, si estas sin remera agarrate porque te van a ofrecer desde camisetas de fútbol, hasta simples remeras y musculosas.

El regateo es la etapa uno del proceso de negociación. Por ejemplo yo me compré una banderita de Indonesia para bordar en la mochila, y me la querían vender a 100.000 rupias, algo así como 10 dólares americanos. Una bestialidad. Fue ahí mismo que le oferté 5.000 rupias y el tipo se reía y se quejaba, ya de una me bajó a 50.000 rupias, ahí fui yo el que se rió y diciéndole “no thanks” me iba del local. Me salió a buscar y me preguntó de donde era. Yo le dije que no era ni gringo ni europeo, que soy de América del Sur, y fue así que cerramos el trato en 20.000 rupias, unos cuarenta pesos uruguayos.

Lamentablemente yo con la pinta de gringo, siempre me quieren cobrar cifras astronómicas, pero diciéndoles que soy de Uruguay (y lo conocen gracias a Luis Suárez), zafo y logro conseguir buenos precios. De todas maneras no me he comprado casi nada, pues ya tengo en la mochila 15 kg, que es el máximo permitido en los vuelos que tenemos por Indonesia, Malasia y Filipinas.

Todo esto pasaba y recién empezaba la noche. Empezaron a cerrar algunos comercios, pero la cantidad de gente en la calle aumentaba. En la vereda lleno de personas una al lado de la otra ofreciéndote anfetaminas, viagra, marihuana, hongos mágicos, y hasta “young laydies” (mujeres jóvenes). Todo esto frente a la policia que camina por ahí. Una locura total. Lo peor de todo es que si ofrecen todo eso, es porque hay gente que se lo encaja. Nosotros la única droga que hemos consumido es el alcohol y vaya si lo hicimos.

Es que te regalaban tarjetas VIP’s para entrar a una discoteca de cinco pisos donde el vaso de cerveza durante dos horas costaba 1.000 rupias, es decir dos pesos uruguayos, sí sí, leyeron bien dos pesos uruguayos el vaso de cerveza. Entramos al lugar, y los únicos angurrientos que ya estábamos para tomar barato éramos nosotros. En otro piso había para picar bocaditos salados, algo así como panchos envueltos en masa, o también masa rellena de verduras. Todo esto gratis.

No paraba de pensar en la monografía que realicé con mi amigo para recibirnos, y pensaba cómo ganan los dueños del lugar, empecé a formularme los costos fijos, los variables, pero todo me sonaba muy raro. Matías preguntó, y resulta que allí trabajan cuatrocientos empleados. El tema es que transcurrían los minutos y las pistas se empezaron a llenar, y la oferta de la cerveza culminaba. Y era ahí, pese a no cobrar entrada, que la venta de bebida después de media noche salía considerablemente más cara.

Seguimos recorriendo diferentes discotecas, y en todas ellas la gente muy loca. Tal vez esta gente es la que le compra los estupefacientes a los tipos de la calle y quedan así de sacados, pero ver toda esa locura era muy, pero muy divertido. Realmente la pasamos muy bien, nos divertimos muchísimo entre tanta gente.

BALI - Día 2 y 3

Nos levantamos, y tras desayunar y bañarnos en la piscina, alquilamos dos motos para ir a recorrer playas aquí en el sur de Bali. Cada moto nos salió cinco dólares americanos para tenerlas 24 horas. Una ganga realmente. Le tuvimos que poner tres litros de nafta que sale como diez pesos uruguayos el litro. Increíble lo barato.

Fuimos primero a Kuta que es donde está todo el movimiento. Este lugar se encuentra a veinte kilómetros de donde está nuestro hotel. La calle una locura, motos por doquier, autos amontonados, bocinas aca y allá, todo un caos, pero lindo de vivir! Aquí un video: http://www.youtube.com/watch?v=J0bOBbsvNf4


Al llegar a Kuta empezamos a ver más turistas, más transito, más comercios grandes como Hard Rock Cafe. Estacionamos las motos en la rambla, y al bajar a la playa, desilución total. Arena negra y agua turquesa al fondo, pero al entrar muy sucia, nylon, plásticos, horrible. Tras un baño corto, preguntamos por la mejor playa de Bali, y hasta allí nos dirigimos con la ayuda del GPS, que por suerte Matías había llevado.


La playa que nos recomendaron se llama Nusa Dua Beach. Arrancamos en las motitos en busca de playas paradisíacas como unos desenfrenados. En un momento agarramos como una especie de autopista, y ahí íbamos los cuatro a toda velocidad cuando de repente sentimos un ruido ensordecedor, y cuando miramos al cielo sólo vimos blanco y unas ruedas enormes muy cerca nuestro. Es que estaba aterrizando un avión y nos tomó por sorpresa. Atravesó esa autopista a muy pocos metros y nosotros en esas motos tan indefensos. Qué julepe!

Al llegar a la playa, ésta sí llenó nuestras espectativas! Arenas blancas y aguas cristalinas. El agua, está a temperatura ambiente, un placer. Pero claro, hace tanto calor, que te querés meter al agua para refrescarte, y no lo lográs, pues el agua no es nada fría.


En esta playa empezamos con Lariam, la pastilla contra la malaria. Si bien este tema merece una publicación aparte, contaré que para tomarla debemos tener el estómago lleno. Pero en esa playa sólo había unos puestos muy precarios, con poca higiene, pero la teníamos que empezar a tomar asique allí almorzamos unos tallarines picantes que hasta ahora me arde la boca.


Una vez satisfecha esa hambre de playa, quisimos saciarnos más y preguntamos por otra playa. El GPS nos guiaría a Dream Lane Beach. Empezamos por caminos de asfalto, pasando por callejuelas muy angostas, luego empezó el camino de tierra, y luego de piedra agreste. En un momento termina el camino y solo había una huella en medio del pasto, y el GPS seguía diciendo "doble a la derecha, doble a la derecha", una cosa de locos! El GPS tenía en su sistema estos caminos (si es que se le puede llamar camino a eso).

Llegamos y vimos desde lo alto del barranco un hotel enorme, a sus pies la playa. El agua hermosa, la arena con una mugre que no se hacen una idea. Cómo el hotel no cuidaba su propia playa! En realidad la cuidaban porque había una especie de fogata quemando basura. Un desastre.

Al volver al hotel, el GPS se empezó a quedar sin baterías, por lo que tuvimos que acelerar más de la cuenta. Realmente nos adaptamos muy bien al tráfico, pues ahora no sólo eran los balineses manejando como locos, sino que ahora también éramos nosotros zigzagueando por entre los autos, pasábamos por la izquierda, por la derecha, por el medio de autos y motos, un peligro. Logré unas filmaciones que valen la pena verlas, pero no sé cuánto tiempo me puede llevar subirlas, asique por ahora dejo que jueguen con su imaginación.

Al otro día Matías se fue de mañana a un cyber a ver a Peñarol, pues el wi fi del hotel era muy malo y no lograba verlo, yo dormía, y Nacho y el Chelo fueron hasta Kuta (también en moto pues las teníamos 24 horas) para buscar un hotel barato donde quedarnos.

Al llegar con el hotel visto, hicimos el check out, y nos fuimos a Kuta. Obviamente no les gusta nada a la gente que te vayas de su hotel, pero no les gusta porque piensan que fallaron en algo, que algo hicieron mal. Pero nosotros no parábamos de decirles que todo había estado de maravillas, que sólo queríamos seguir recorriendo Bali.

El hotel en Kuta un espectáculo, un lujo. Nos quedamos todo el día en la piscina y luego por la noche nos aprontamos para salir.

jueves, 31 de marzo de 2011

BALI - Día 1

Llegamos al hotel que se encuentra en lo que sería un balneario llamado Sanur. Pasamos de estar en una habitación de veinte personas a una de dos. Un placer! En el hotel nos dieron la bienvenida dos hombres, en realidad dos adolescentes muy pero muy simpáticos, siempre con la sonrisa dibujada en su rostro.

El hotel cuenta de dos pisos, el nuestro está ubicado en el segundo, en donde se encuentra la piscina, que no es muy grande, pero está espectacular, profunda y con dos fuentes. Cada vez que estamos en el hotel, venimos a la piscina, incluso de noche, pues sigue haciendo calor a pesar de no estar el sol en el cielo.



La playa se encuentra a cincuenta metros, pero esta playa realmente no es nada linda. Arena sucia, y agua revuelta.  Por lo que decidimos con el Chelo recorrer las calles de este balneario. La gente te ve y te saluda en inglés. Un inglés muy básico, no muy diferente al que hablamos nosotros (jeje). Por momentos se hace insoportable caminar por la calle pues te ven que sos turista, y los taksis (no es una falta de ortografía, aquí los taxis se escriben así) te tocan bocina para ver si querés que te lleven a algún lado, por lo tanto pasas escuchando bocinazos; y si no son los taksis, son las mujeres que te llaman para hacerte masajes. Atención! No sean mal pensados, realmente son sólo masajes.

En la entrada de cada comercio, una ofrenda a no sé que Dios, pero consta de un ramito de flores con un incienso y comida; o sino, una pequeña estatua de un monstruo (en realidad no son monstruos, pero me es difícil decifrar que son) también con flores y sombrilla para que no le de el sol. Es muy pintoresco de ver.



Algo anecdótico: tenemos bastante ropa para lavar, y esperamos hasta Bali porque pensamos que iba a ser barato, pero la cuestión es que nos conviene comprarnos remeras nuevas, que lavarlas. Increíble! De todas formas lavaremos la ropa, pues uno se aferra a la ropa vieja.

El hecho de que la gente sea tan servicial, me hace sentir particularmente muy incómodo. Pues te hacen sentir como millonario, sé que ellos viven del turismo y por eso te brindan todo lo mejor. Pero prefiero un trato más normal, de igual a igual, no quiero más reverencias! Cómo explicarles que soy un estudiante y un simple laburador como ellos y que estoy aquí no por lo que tengo, sino por la oportunidad que me dio la Universidad y las personas que me compraron rifas.

Llego al hotel, y tras una reverencia de uno de los recepsionistas, le estiro la mano para saludarlo, y me mira y duda si darmelá. Pero al mantener la mano estirada, me la da, y en su ingles precario me pregunta como estoy. Yo no paro de decir gracias, es que ésta es la única manera que encuentro para hacerlos entender que no sólo ellos son los que tienen que agradecer.

Por último, para culminar el primer día en Bali de buena manera,  cuando llegaron los chiquilines al hotel, me trajeron la camperita polar del Grupo de Viaje!!! Qué alegría! El mensaje que les mandé cuando el avión estaba carreteando les llegó, lo reclamaron, y me lo trajeron.

miércoles, 30 de marzo de 2011

LLEGADA A BALI-INDONESIA


En el aeropuerto de Singapur encontramos el puesto de la Aerolínea Lion Air para lograr comprar el único vuelo que nos faltaba (Yakarta/Medan) pues desde Internet, la tarjeta no nos permitía culminar la transacción pues la página no era confiable. Pero ahora vimos la aerolínea, de verdad existe! Así que compramos ese pasaje que nos estaban faltando.

La aerolínea en la que estamos viajando ahora es Air Asia; un avión chico pues es un vuelo corto, pero es un avión muy cómodo. De hecho es mucho mejor que los aviones de American Airlines en los cuales viajamos en Estados Unidos.

Al subir al avión, me empezó a dar frío por el aire acondicionado. Por lo tanto se me ocurre abrigarme, pero no tenía mi camperita polar del Grupo de Viaje. La dejé olvidada en el hostal. Llamé desesperadamente a Matías y a Nacho, que ellos salen un par de horas más tarde, pero no me contestaron, les mandé un mensaje de texto, así que espero lo lean y puedan recuperarlo. Es mi único abrigo! Y es del Grupo de Viaje! Tengo una impotencia bárbara. Cuido todo con especial cuidado, y se me escapa el polar! Obviamente no es tan importante como el pasaporte o las tarjetas, pero es una de las cosas que más he usado, y me enoja muchísimo no haberme dado cuenta que cuando levanté las sábanas de la cama, arrastré con ellas el polar y lo entregué en la recepción del hostal.

Que bronca! Un mes me duró el abrigo. Sé que ahora no lo utilizaría demasiado, tal vez hasta de cinco meses, cuando pise suelo noruego, pero en los vuelos siempre se siente frío y en las noches por estos lugares me imagino que también. Tendré que destinar dinero no presupuestado para un abrigo, pero en Bali no debe de salir muy caro, así que allí lo compraré.

Al llegar a Bali, el calor nos abrazó y no nos soltaba! Un calor impresionante! Buscamos por un taxi, regateamos, y nos trajo al hotel por la mitad de precio que nos había ofrecido en un principio, de todas formas estoy seguro que lo podíamos haber sacado más barato, pero el regateo, personalmente no es algo que me agrade demasiado, pero aquí todo el mundo te dice un precio para que uno se lo baje.