lunes, 11 de julio de 2011

ISRAEL – Día 3 – NAZARETH y HAIFA

En este día dejamos atrás la hermosa ciudad de Jerusalén o Jerusalem en inglés, para dirigirnos rumbo al norte, a la zona del Mar de Galilea, que en realidad es un lago. En la orilla del mismo, más precisamente en Tiberias, se encuentra una iglesia que se construyó en el lugar donde, según la Biblia, Jesús multiplicó el pan y el pescado para alimentar a miles de personas. Una iglesia sencilla pero bonita, con un profundo significado para los creyentes.

Seguimos camino hacia Nazareth, visitando en el camino las ruinas de Capernaum, ciudad que albergó a Pedro.

Al llegar a Nazareth, una ciudad pequeña, fuimos hacia la Iglesia de la Anunciación. Construida encima de la casa donde vivió María. En el muro que rodeaba dicha iglesia, habían imágenes de Vírgenes según cómo la representan determinados países. Fue así que encontramos a Uruguay.


Después nos fuimos a Haifa, una de las ciudades más lindas de Israel, situada en las orillas del Mar Mediterráneo. Aquí fue mi primer encuentro con este Mar, al principio, sólo contacto visual, luego fuimos a una playa, y logré mojar mis pies en él.

Pero en la ciudad hay un lugar muy lindo, los Jardines de Bahai. Son unos jardines ubicados en la ladera de una colina, desde donde hay una vista panorámica espectacular de la ciudad y del puerto.


Esta ciudad es una ciudad moderna, muy diferente a Jerusalem y a Nazareth. Me quedé con ganas de pasar más tiempo en esta ciudad que ya nos adelantaba lo cosmopolitas que son las ciudades de la costa mediterránea. Cosa que reafirmaríamos al arribar a Tel Aviv.

domingo, 10 de julio de 2011

ISRAEL - Día 2 - JERUSALEM

Este día fue muy especial, pues haríamos el recorrido que realizó Jesús hasta su lecho de muerte. Con un inmenso respeto hacia mis compañeros creyentes, tomé el paseo ponderando la historia y los acontecimientos allí perpetrados.

Realmente admiro a las personas que tienen tanta fe, y creen tanto en una religión. Lo comenté al ver en Varanasi a cientos de hindúes haciendo sus ofrendas, y lo reafirmo ahora al ver a los judíos ultra ortodoxos, a los católicos, y a los musulmanes. Verlos rezar con tanta convicción genera la necesidad de preguntarse hasta dónde uno no está equivocado al no creer en milagros, ni en Vírgenes Marías, ni en piedras veneradas, ni en vacas sagradas.

Empezamos el día dirigiéndonos al Monte de los Olivos, donde arrestaron a Jesús. Desde allí se aprecia una hermosa vista de la ciudad vieja, con su muralla y la famosa cúpula dorada.


Después de esta vista panorámica de la ciudad, que luce un llamativo color blanco por una ordenanza municipal de cubrir todas las fachadas con piedra caliza, nos fuimos a recorrer la propia ciudad vieja.

Empezamos por el Muro de los Lamentos, que no es más que lo que quedó en pie del muro occidental de la muralla una vez que los cruzados atacaron esta zona. La razón por la cual los judíos rezan pegados al muro es porque es el lugar más cercano a la cúpula dorada, donde se levantó el primer templo judío. Pero se preguntarán por qué no van allí a rezar y listo. El problema es que en realidad, la cúpula dorada es un gran cofre que oficia de protección a la "Santa Roca" que después de La Meca y Medina, es la piedra más sagrada para el islam. Es que se dice que Mahoma subió al cielo desde este lugar. Por esta razón, los judíos no tienen acceso a la cúpula dorada, rezando desde el otro lado del muro.

Sé que es muy complicado de entender, pero así es Israel. Muchas culturas, muchas tradiciones, muchas religiones que se mezclan y convergen en un mismo lugar. Esto es lo apasionante de este país, quien aún lucha por una identidad absoluta y totalmente definida.


Seguimos el paseo por la Vía Dolorosa o también conocida como la Viacrucis. Recorrimos el mismo camino que realizó Jesús desde que fue interrogado y posteriormente condenado por Poncio Pilatos, hasta su crucificación y posterior resurrección. Todo el recorrido se divide en quince estaciones, nueve a lo largo del camino, y las restantes se encuentran dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro.


La estación uno era justamente donde fue condenado. La dos es donde Poncio Pilatos muestra a Jesús al pueblo. La tercera, rememora la primer caída causada por el agotamiento de las torturas y de la pesada cruz. La cuarta, conmemora el encuentro entre Jesús con su madre a pesar de que dicho acontecimiento, no aparece en los textos canónicos. La quinta, es donde Simón carga por Jesús la cruz. La sexta estación es donde Verónica le seca el sudor y la sangre de la cara con un pañuelo de seda. La séptima representa la segunda caída. La octava donde se supone que Jesús encontró a las "piadosas mujeres". La novena es donde se cayó por tercera vez. 

Debo mencionar, cómo la Vía Dolorosa se ha visto espantosamente perjudicada, o mejor dicho estropeada por permitir que en ella, existan todo tipo de comercios. No sólo de venta de souvenires, sino también desde tiendas de ropa, hasta jugueterías y carnicerías.
Las siguientes estaciones se encuentran representadas, como mencionaba anteriormente, dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro, donde ocurre la muerte de Jesús. Allí se encuentra la piedra donde fue tendido su cuerpo ya sin vida.


Siguiendo el paseo del día, dejamos territorio israelí, para dirigirnos a Belén, ciudad situada en territorio palestino. Antes de pasar el enorme muro que separa un estado del otro, los guías, no podían pasar pues eran judíos, por lo que del otro lado, nos esperaban otros nuevos guías. Se preguntarán por los choferes de los ómnibus que seguían siendo los mismos. Pues nacieron en la parte oriental de Jerusalem, antiguamente Palestina, con lo que tienen el paso permitido.

En Belén fuimos a la iglesia que se irguió encima del lugar donde supuestamente nació Jesús. Digo "supuestamente", porque también se discute que nació en Nazareth. Allí, a pesar de mi falta de fe, pero con el respeto que se merecen quienes sí la tienen, bendije dos rosarios que compré para regalar a dos personas muy creyentes.


Estando de este otro lado del muro, aprovechamos para preguntarle al guía palestino qué pensaba del conflicto con Israel, y nos comentaba que es algo que jamás terminará, puesto que ninguna de las dos partes, quiere ceder aunque sea un milímetro de territorio.

Terminamos la visita, nos despedimos de Palestina, y volvimos al hotel en Jerusalem. Después de una larga jornada, cargada de espiritualidad para algunos, y de sólo historia para otros, nos fuimos a descansar, con la mente aún sorprendida por los lugares conocidos durante el día.

sábado, 9 de julio de 2011

ISRAEL - Día 1 - MAR MUERTO

Una vez que logramos pasar la frontera y entrar a Israel, nos dirigimos a Masada. Esto es una especie de fuerte construido allá por el siglo primero Antes de Cristo sobre la cima de una meseta. Su importancia radica por varios motivos, uno de los cuales es porque cuando los romanos llegaron al desierto de Judea para conquistar esta zona, los judíos, vieron su derrota inminente con lo cual se suicidaron todos. Por lo que Masada es un símbolo de nacionalismo judío.

Como nos demoramos en el paso de frontera, teníamos muy poco tiempo para recorrer la fortaleza, más aún si le sumamos el tiempo destinado a almorzar y a la subida hasta la meseta en teleférico. Tuvimos tan solo veinte minutos, con lo que no nos dio para recorrerla en su totalidad.

Desde allí arriba, se veía el Mar Muerto, el cual sería nuestra próxima visita. Sinceramente poco me importaba la fortaleza, sólo quería llegar a este mar para sumergirme en sus saladas aguas. Junto con la Muralla China, el Taj Mahal, Las Pirámides y la Ciudad de Petra, el Mar Muerto lo consideraba uno de los puntos más fuertes del viaje.

Cuando llegamos al estacionamiento, fui el primero en bajarme del ómnibus, es que mi ansiedad hacía que mis pies aceleraran el paso. Cuando llegamos a la orilla, vimos las piedras teñidas de blanco, no era nieve, era la sal solidificada.



Para los perdidos, debo introducirlos e informarles que el Mar Muerto lleva este nombre, porque tiene tanta sal, que no existen seres vivos en sus aguas. Dos de las peculiaridades que posee, es que se encuentra a cuatrocientos treinta metros por debajo del nivel del mar, y que por poseer tanta sal, esto hace que se flote sin esfuerzo alguno.

Toda la vida escuché de este mar, pero no fue hasta meterme en él, que entendí realmente lo salado que es, y cómo se flota. 

Los guías nos habían recomendado no meter la cabeza bajo el agua, porque tan sólo una gota en el ojo, bastaría para arruinarnos el día. Que si no le creíamos, que probemos con mojarnos el dedo y tocarlo con la lengua. Obviamente lo hice, y pucha que es salada! Peor que meterse un puñado de sal en la boca, es que la sal que posee este mar, esta compuesto por sales de diferentes minerales.

Después, lo más divertido de todo, es ver como se puede flotar. Acostado boca abajo, boca arriba, de costado, sentado, arrodillado, hasta parado. Es más, hacíamos fuerza para hundirnos, y el agua ejercía una presión hacia arriba, que impedía hacerlo.



Pasé mucho rato divirtiéndome de las muchas formas que uno puede flotar. Hasta se puede caminar y todo. En realidad con el movimiento de bicicleta, ya se podía avanzar.

Otra cosa no menos importante, es que al meterte en el agua, te enterás de todas las lastimaduras y pequeños cortes que uno tiene en el cuerpo, es que te arde muchísimo. Yo por mi parte procuré no comerme las uñas y no afeitarme durante los dos días previos a esta visita. Gracias a ello soporté algún pequeño ardor. Muchos compañeros debieron salir desaforadamente a bañarse en unas duchas de agua dulce cercanas a la orilla.

Otra cosa que se suele hacer en el Mar Muerto, es embadurnarse el cuerpo con barro, pues contiene no sé qué propiedades que hace que la piel se rejuvenezca. No sé si será cierto, la cosa es que lo hice, quedando con un hedor a cloaca importante. No sé si el barro utilizado fue el correcto, pero el olor era insoportable, inclusive luego de enjuagarnos y pasarnos jabón, ese olor permanecía. Obviamente las mujeres estaban locas de la vida y gritaban y festejaban por lo suave que les había quedado la piel. Reafirmando como dijo una vez Maquiavelo que el fin justifica los medios.



En fin, disfruté muchísimo del Mar Muerto, viendo cómo las montañas rojizas del otro lado de la orilla, pertenecientes a Jordania, se reflejaban en el mar.

Finalmente, subimos a los ómnibus, y comenzamos a ascender (porque recuerden que estábamos por debajo del nivel del mar), rumbo a la capital Jerusalem.

Llegamos a esta histórica ciudad por la noche, hicimos el check in, y fuimos a hacer un pequeño surtido al supermercado, pues aquí en Israel todo es muy pero muy caro.

jueves, 7 de julio de 2011

LLEGADA A ISRAEL


Como no podía ser de otra manera, la llegada a Israel, fue tediosa, puesto que otra vez en la aduana, tuvimos que esperar algunas horas para lograr pasar la frontera.

Es raro ver cuánto territorio neutro hay entre las aduanas, tierra de nadie, o tierra de todos, no lo sé.

En la aduana israelita se ven a soldados jóvenes armados con metralletas de alto calibre en sus manos. Intimidan y asustan muchísimo. Esto es una clara muestra de los fuertes conflictos que tiene Israel con sus países limítrofes.

Pero al fin, pasado el mediodía entramos a este país que tanto hemos oído hablar. Un país lleno de historia, tanto religiosa como política. País de Jesús y de María, país conquistador y conquistado, país de judíos, musulmanes y católicos, país que como otros vale la pena conocer.

JORDANIA – Día 2 – PETRA

Por la mañana, cuando el sol apenas empezaba a iluminar el cielo, nos levantamos, y sin desayunar, nos subimos a unas camionetas 4x4 para realizar un safari por el desierto de Jordania.

Estaba fresco, pues el sol aún no calentaba el aire seco de Wadirum. Nuestro conductor, un adolescente de dieciocho años, manejaba mientras cinco amigos y yo nos ubicábamos en la caja de la camioneta.

Empezamos a andar por el desierto, y el paisaje que se veía era hermosísimo. Mucha arena y montañas de piedra arenisca. Tan árido, que se nos secaba la garganta de sólo respirar. Kilómetros y kilómetros de desierto, y nosotros, derrapando en la arena, íbamos recorriendo los rincones más pintorescos.

Paramos varias veces para contemplar tanta belleza y fotografiarnos para que nos quede el recuerdo no sólo en nuestra retina y memoria, sino también estampada en una foto para poder compartir lo vivido.

Después de más de dos horas, volvimos al campamento, desayunamos, y emprendimos viaje hacia Petra.

La ruta era el único rastro de civilización en el trayecto. Alguna cabra y algún camello se lograban divisar entre el color amarillo del desierto jordano. Llegamos antes del mediodía, hicimos el check in en el hotel, e inmediatamente fuimos a conocer la ciudad antigua de Petra.

¿Qué contarles de la segunda maravilla mundial? Entramos a las once y media de la mañana, y mientras la mayoría volvió al hotel después del mediodía, yo seguía contemplando ese lugar, tanto, que regresé a las siete y media de la tarde, cuando el sol ya empezaba a despedir el día.

Para serles sincero, mi ignorancia, me hizo pensar que Peta sólo consistía en La Tesorería (edificio más famoso de la ciudad) cuando en realidad eso sólo era la punta de un iceberg tan grande que hace quedar boquiabierta a quien visite el lugar.

La entrada a la ciudad, se hace por entre las montañas, que forman un corredor por momentos muy angosto. Viendo apenas algunos rayos de sol colarse por entre las rocas. Esto ya nos impactaba, pero con el paso de los kilómetros caminados, la ansiedad por ver La Tesorería aumentaba de manera exponencial.

De repente, el angosto corredor termina, y deja al descubierto una belleza difícil de expresar. Pero emocionaba el hecho de ver cómo en aquélla época, tallaron la montaña. Siendo las columnas y los detalles más pequeños todo una pieza, es decir que no agregaron nada extra, todo es la montaña maciza tallada hasta lograr semejantes formas, semejantes diseños. Qué maravilla!

Como les comentaba, yo pensaba que Petra sólo consistía en esto. Pero resulta que siguiendo el camino, se contempla cientos de huecos cavados en las laderas de las abruptas montañas de piedra arenisca. Muchos de estos huecos con fachadas que decoraban con delicadeza tanto las tumbas como las casas de los hombres que habitaban la ciudad.

El color de la piedra es realmente espléndido. Es que se ven colores tanto rojo, amarillo, como negro. Estos colores son causa de la oxidación de los distintos minerales que componen la piedra.  

Seguimos caminando, y me subí a una roca de al menos unos cuarenta metros de altura, y sentado en su cima, me quedé largo rato contemplando la ciudad y el paisaje que la rodea. Cuestionándome tantas cosas como por ejemplo cómo hubiese sido vivir en esa época. Al principio compartí este largo rato con migo mismo, y después con el Ciervo (el amigo que viajó conmigo desde Bali hasta China). Con él seguimos filosofando y disfrutando del lugar.

Desde esta roca vi que me quedaba por recorrer una parte de la ciudad, por eso, después de más de una hora en el borde de dicha roca, bajé, y seguí recorriendo la ciudad pese a que el sol ya empezaba a esconderse.

Cuando llego a lo que yo pensaba que era lo último, me encuentro con unos compañeros que venían bajando unas escaleras talladas en la ladera de una de las tantas montañas. Al preguntarles de donde venían, me dicen que vienen del mejor lugar de Petra, pero que está a unos cincuenta minutos de caminata.

No me podía ir sin antes ver esto que me decían mis compañeros. Por lo tanto empecé a subir las escaleras a un ritmo acelerado, pues no podía volver al hotel de noche, pues sin luz, sería muy peligroso andar por entre las piedras y precipicios.

Ya el trayecto arrojaba vistas espectaculares. También niños que ofrecían llevarte montaña arriba montado en un burro. Obviamente que por orgullo y por tacaño, seguí el camino a pie sin aceptar el servicio.

Casi al punto de la deshidratación, tuve que comprar una botella de agua después de haberme negado durante todo el día a pagar una fortuna por algo tan básico como el agua.

Con más fuerza, seguí caminando, hasta llegar al primer lugar anhelado. El llamado Monasterio. Esto es otra construcción tallada en una montaña de dimensiones mucho más grande que La Tesorería. Pierde belleza pues no tiene detalles tan delicados y perfectos, pero su tamaño impresiona muchísimo.

Después de disfrutar de este lugar, seguí camino hasta donde dicen está el mirador más lindo de todo Petra. Por lo tanto, después de seguir subiendo escaleras de piedra y escaleras talladas en la misma montaña, llegué al mirador, y creanmé que realmente es el más lindo de todos. Hacia un lado se ve todo el desierto, y hacia el otro, la ciudad antigua de Petra.

Allí arriba me encontré con cuatro compañeros del grupo, y emprendimos juntos el descenso y el regreso al hotel.

Cuando pasamos de nuevo por el Monasterio, recuerdo un mail de mi tío Diego que me decía que debía llegar hasta el final del camino, y allí donde se encuentra un Campanario (en realidad el Monasterio) debía subirme al techo del mismo.

Fue así que escalando un poco la montaña por el lado izquierdo y subiendo por una escalera tallada en la misma montaña, logré subir a lo más alto. Qué vértigo! Pero todo sea para sacarme la foto. Bajé, y seguimos caminando todos los kilómetros que habíamos hecho durante el día.

Mis piernas, chuecas y flacas, ya imploraban un descanso. Pero no fue hasta después de una hora, con poca luz y con pocos turistas en el lugar, que logramos llegar al hotel para cenar y descansar después de uno de los días más impactantes del viaje.

miércoles, 6 de julio de 2011

LLEGADA A JORDANIA


La llegada a Jordania, duró todo un día, siendo la jornada más tediosa de todo el viaje.

Salimos en ómnibus temprano en la mañana de Sharm el Sheik rumbo al norte para cruzar la frontera, pero claro, primero debíamos pasar por territorio israelita, pues Jordania no limita con Egipto. Pasamos por la parte más al sur de Israel, donde el territorio es tan estrecho, que sólo separa Jordania de Egipto por unos diez kilómetros.

Antes de llegar a la frontera, el ómnibus que iba delante del nuestro, se rompió, con lo cual nosotros nos quedamos esperando su reparación, mientras los otros ómnibus se adelantaban. Estuvimos más de una hora esperando en el medio de la ruta que atraviesa el desierto.

Una vez reparado el ómnibus, seguimos viaje hasta la aduana de salida. Cargamos las valijas, en realidad yo cargué a La Abanderada en mi espalda, el bolso de la cámara hacia un costado, la mochila chica hacia el frente, la botella de agua en la mano izquierda, y el pasaporte en la derecha.

Caminamos unos cuantos metros bajo los rayos del sol hasta la oficina de migraciones, pasando todos los bultos por el escáner, volviéndomelos a poner al pasar el detector de metales. De aquí caminamos, también bajo el sol, unas dos cuadras hasta la oficina de migraciones israelita. La duda predominante era en dónde estábamos, puesto que ya habíamos pasado por la salida de Egipto, y todavía no habíamos entrado a Israel. Estábamos en un territorio neutral, por primera vez no estaba en ningún lugar. Si se cometía un crimen en esa zona, ¿qué ley se aplicaría?

Aquí nos amontonamos todos bajo la sombra del único árbol que adornaba la aduana. Corría un poco de viento que hacía refrescarnos de tanto calor, es que estábamos a pocos metros del Mar Rojo, permitiéndonos que la espera se haga amena contemplando semejante vista.


Pasamos el primer control que no consistía en más que verificar que el de la foto del pasaporte éramos nosotros y no un palestino encubierto. Al fin entramos al edificio de migraciones, pero lejos estábamos de culminar con todos los controles. Una cola de al menos cien personas demoró en llegar al mostrador unas tres horas. Pero en este mostrador sólo se volvía a verificar el pasaporte, por las dudas que en el trayecto del primer control a éste, haya sucedido algo extraño con la identidad de cada uno.

Triunfalmente llegamos al control de equipaje, donde a todos nos revisaban los bolsos. Con lo que me costó armar la mochila, como para que después me la desarmen íntegramente en busca de algún artefacto explosivo o terrorista.

Otra vez cargué mis bultos, y otra vez hice cola para que me sellen el pasaporte con la fecha de la entrada al territorio israelita. Tras un breve interrogatorio, me dejaron pasar. Pero como si fuese poco el control realizado y la espera sufrida, antes de salir del recinto aduanero, nos volvían a controlar el pasaporte.

Pero para algunos compañeros, no fue tan fácil el interrogatorio, incluso les retuvieron su pasaporte y los llevaron a otra oficina para hacerles preguntas más rigurosas. Todo porque habían ido a Malasia por muchos días. Se ve que rompieron relaciones con dicho país, y no les gustaba nada que hayamos ido. Yo como fui a Malasia sólo por dos días, no me hicieron problema alguno.

Una vez en el ómnibus (otro distinto que nos esperaba de este otro lado), descansamos pero no más de diez minutos, puesto que en un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos para cruzar de Israel a Jordania.

Otra vez, cargué la mochila grande en mi espalda, la cámara hacia un costado, la mochila chica hacia delante, el pasaporte en la mano derecha, quedándome sólo la mano izquierda libre, porque se imaginarán que en las cuatro horas de espera en la otra aduana, me bajé la botella de dos litros de agua.

Otra vez cola para salir de Israel, y otra vez caminar aproximadamente un kilómetro bajo el sol por territorio neutro hasta llegar a la aduana de Jordania. De más está decirles que debimos otra vez pasar nuestro equipaje por el escáner. En esta aduana, no era necesario presentar personalmente el pasaporte. Lo entregamos todos juntos, y debimos esperar más de una hora para que nos autoricen el ingreso al país jordano.


Ya sin noción del tiempo, llegamos a la ciudad de Aqaba. Nos dejaron media hora para recorrer la pequeña ciudad, y seguimos viaje hasta el campamento en el desierto que se encontraba próximo a la ciudad de Wadirum.

La cuestión es que pasamos todo el día en vueltas, arribando a destino a las nueve de la noche, llevándonos todo este periplo unas catorce horas. Por suerte tanta ansiedad, se calmó al llegar justo para la cena, deleitando a nuestro paladar con un exquisito cordero a las brasas.

lunes, 4 de julio de 2011

EGIPTO – Día 9, 10 y 11 – SHARM EL SHEIKH

Estos tres días en Sharm el Sheikh, fueron de descanso y de disfrute total. Esta ciudad es un balneario. Sólo se encuentra el desierto y el Mar Rojo que lo refresca de los rayos del sol. Mar, que de rojo no tiene más que la leyenda, pues es un azul más intenso aún que el agua de Filipinas.


El hotel cinco estrellas que nos quedamos era una cosa de no creer. Piscinas de todos los tamaños. Una que parecía playa, otra enorme con un restaurante en el medio, otra con cancha de boleyball, otra con toboganes gigantes que daban vueltas y vueltas. Pero no sólo de piscinas estaba lleno el hotel, también de canchas deportivas. Golf, fútbol, tenis, ping pong, entre tantos otros que no nos dio el tiempo de usufructuar.


Lo más hermoso de todo eran los muelles. Es que el hotel daba al mar, y si bien no tenía playa, tenía terrazas con arena y reposeras, y unos muelles desde donde nos tirábamos de cabeza para sumergirnos en esa agua y mezclarnos con los peces de colores que desde el muelle ya se veían nadando entre los corales.


Siempre tomaba sol de mañana en el muelle, y nos divertíamos tirándonos al agua. Luego iba a las piscinas, hacía deporte, y volvía de tardecita a los muelles para respirar el aire proveniente del Mar Rojo y deleitarme con la vista.


Una noche fuimos al centro, donde se ven muchísimos extranjeros, en su mayoría rusos. Todos cenando y fumando yiya. Esto es como una pipa gigante que tiene agua que oficia de filtro. Son de diferentes gustos, frutales, dulces, entre otros. Una noche fumamos esto en uno de los tantos bares del hotel. Porque como si fuera poco, en el hotel también habían bares, restaurantes, y una discoteca.

Realmente descansé y disfruté muchísimo. Tanto que no quería irme. Es que bañarse en el Mar Rojo, y estar en semejante hotel, no es cosa a que uno haga con frecuencia.

La felicidad al tirarme y bañarme en el Mar Rojo, dibujándome en la cabeza el mapa del lugar en donde estaba, hacía que me repitiera: "aprovechá gaviota que no te verás en otra", y vaya si lo hice.

Un inconveniente con este balneario, es la presencia de tiburones en sus aguas. Si bien ahora no estamos en la época de dicho animal, no abusábamos con la permanencia prolongada dentro del agua. De hecho aparecieron un par nadando a escasos metros del muelle, lo que hizo asustarnos un poco, pero según el salvavidas, ese tipo de tiburones no atacan a las personas, de todas formas preferimos no bañarnos hasta que desaparecieran.


En la foto anterior se ven dos ejemplares de estos tiburones. Uno bastante entero, y el otro sólo se le ve la temible aleta dorsal.

Este fue el último lugar en donde estuvo el grupo entero todo junto. Ahora muchos ya se fueron a Uruguay, otros a Europa, otros estamos en Jordania. Es decir, ya nos empezamos a separar, y ya se siente que el viaje está por culminar. Por suerte para mi, aún me queda la mitad para seguir maravillándome del mundo.

sábado, 2 de julio de 2011

MES 4


Emoción, alegría, felicidad, gratitud, desconcierto, regocijo, satisfacción, deleite, júbilo, bienestar, tranquilidad, paz, serenidad, armonía, fortuna, complacencia, añoranza, nostalgia, melancolía, agradecimiento. Todos sentimientos y sensaciones concebidas en estos ya cuatro meses de Viaje.

Sé muy bien, que no puedo caer en la hipocresía de hacerles creer que no me he sentido algún día triste, afligido, desconsolado, arrepentido, abatido, cansado, dolido, días de esos en los que uno se refugia en uno mismo, y espera sólo a que pase el tiempo.

Pero sí les puedo asegurar, que sólo fueron unos pocos días en los que me sentí mal. Todo gracias a la compañía, consuelo y apoyo de muchos amigos y a la premisa constante de intentar ver lo mejor de las cosas, y creyendo que nada es por casualidad sino por causalidad.

Van cuatro meses sí, y el sueño ya se ha hecho realidad hasta casi la mitad. Miro para atrás, recorriendo en mi mente y en mis recuerdos los destinos que ya he disfrutado, y se me inundan los ojos de emoción.

Son muchas las cosas vividas, muchas las andanzas, muchas las anécdotas, y habrán más cuando en unos años nos reunamos con los compañeros y amigos, y recordando, salgan a la luz, recuerdos que ya están durmiendo en nuestra mente y esperan, agazapados, el momento oportuno para volvernos a emocionar.

Yo prometo seguir convirtiendo este hermoso sueño en realidad, divirtiéndome al máximo, intentando hacer todo lo posible para disfrutar, porque como dice Joaquín Sabina, “no hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Espero este blog siga siendo de vuestro agrado, y que juntos, sigamos compartiendo este Viaje espectacular.

EGIPTO – Día 8 – EL CAIRO

Llegamos a la capital egipcia luego de pasar la noche viajando en tren, y empezamos el city tour en ómnibus escoltados con seguridad policial. Es que el día anterior habían empezado nuevas manifestaciones. En realidad esta vez salieron a manifestar los que apoyan al presidente derrocado, generándose una batalla contra la mayoría que lograron su distitución.

Al primer lugar a donde fuimos fue al Museo de Egipto. Aquí se encuentran muchísimas cosas milenarias, desde estatuas, hasta momias.

Pero lo más importante, es que en este museo se encuentra el tesoro encontrado en la tumba de Tutankamon. Es inevitable preguntarse qué tamaño habrán tenido los tesoros de las tumbas de los faraones importantes como Ramsés II. Si Tutankamon, uno de los faraones que pasó desapercibido, que murió de adolescente, tenía tanto en su tumba, cuánto tendrían los otros. Nunca lo sabremos, sólo resta imaginarlo.

Cada vez que el guía nos explicaba algo, yo estaba disperso, con la mente en la máscara de oro macizo de Tutankamon. Hasta que el momento tan esperado llegó. Entré a la sala, y allí estaba, erguida en el medio del salón, con la mirada perdida en la eternidad.


Sin mentirles, me quedé petrificado, momificado diría yo, más de veinte minutos observando la máscara. La miraba fija, como esperando una reacción, esperando un guiño, una mueca. Tuve el privilegio de verla por dentro, es que nunca nadie publica una foto de la máscara que no sea de frente.

Que belleza! Que emoción! Que felicidad! Ahí estaba yo! Frente a Tutankamon, frente a un símbolo egipcio y mundial. Nada es para siempre dicen. Pero los egipcios desafiaron esa frase y ahí estaba la explicación. Más de tres mil años. Más de tres mil historias. Más de tres mil misterios.

Luego del museo, fuimos a ver una iglesia, una sinagoga, y dos mezquitas. Realmente estaba tan cansado que no presté demasiada atención al por qué de la importancia de estas últimas visitas. De todas formas ver semejantes construcciones, siempre impresiona.

Por último fuimos a un mercado, donde pude perderme entre los locales. Venta de especias, de fragancias, de aceites. Un lugar muy pintoresco y muy bonito.

Después de todo el día en la vuelta, nos fuimos al hotel. Esta vez no fue el Hilton, pues éste queda enfrente a la plaza donde se arman siempre las manifestaciones que les contaba. Por eso nos fuimos a otro alejado del centro de la ciudad para evitar algún tipo de inconveniente. Fuimos al Holiday Inn. Un hotel lujosísimo y comodísimo.

Por la noche, despedimos a Nacho. Para el que sigue el blog desde el comienzo, no hace falta que le recuerde que Nacho fue uno de los tres amigos con los que emprendí este viaje allá por el dos de Marzo. Se va Nacho. Se va a recorrer América del Sur. 

Con Nacho aprendí muchísimo. Me enseñó que nada es lo que parece. Que detrás de un hombre rudo, hay emociones fuertes. Si las habrá, que él se vuelve antes para reencontrarse con su novia y con ella recorrer sudamérica. (Nacho no me odies cuando leas esto). Pero es verdad. Nacho es un tipo sencible aunque no lo parezca. Un buen compañero, y un excelente amigo. Nos veremos al regreso!

viernes, 1 de julio de 2011

EGIPTO – Día 6 y 7 – ASUÁN

El sexto día en Egipto, amanecimos en Asuán, la ciudad más meridional del país. En realidad yo nunca llegué a amanecer; pues la maldición faraónica que me perjuró el vendedor del día anterior, más la exposición al dios Ra durante la visita al Templo de Edfu; hicieron que siga en cama durante todito el día, sin más que mirar las cuatro paredes del camarote, más el baño, claro está. Con uno de los promedios más altos de asistencia diaria al sanitario, iban pasando las horas, mientras mis compañeros visitaban más templos creados antes de la era cristiana.

No voy a explayarme con lo que no pude hacer, en los paseos que me perdí, porque este blog está orientado a compartir con todos ustedes las cosas que hago. Y como lo único que hice durante el día fue caminar de la cama al baño, y del baño a la cama, tampoco me voy a explayar en esto que no deja de ser desagradable por más que lo intente disimular con palabras bonitas.

Durante miles de años pasaron cosas misteriosas en Egipto, y aún en nuestros días, los misterios continúan. Vaya un claro ejemplo, que por arte de magia, el último día en esta ciudad, amanecí completamente curado, tal vez fueron mis oraciones a la diosa de la protección y de la buena suerte Renenutet, o tal vez las decenas de tabletas medicinales que me englutí en tan sólo veinticuatro horas.

La cuestión es que me levanté con tanta fuerza, que me atreví a salir en el paseo que teníamos por la mañana. Fue así, que tras desayunar livianito, pues no quería abusar de mi buena fortuna, nos dirigimos al templo de una de las diosas más queridas y adoradas de todo Egipto, el Templo de Isis, diosa de la maternidad y del nacimiento.

Este templo se encuentra en un islote, por lo que debimos llegar en bote. Como no podía ser de otra manera, el templo es majestuoso, con la particularidad de ver letras griegas y cruces cristianas talladas sobre algunos jeroglíficos. Es que como ya les había comentado, por estas tierras había estado Alejandro Magno.

Pero toda la majestuosidad perdió mucha credibilidad cuando el guía nos dice que en realidad el templo, está completamente reconstruido. Pero no sólo eso, sino que está completamente en otro lugar. El tema fue que a pocos metros, hicieron una represa. Y así como con la represa del Río Negro allá en Uruguay, se formó el lago Andresito inundando hectáreas de monte de robles, aquí en Asuán inundaron todo un templo milenario. Por suerte, tras muchas obras de ingeniería, lograron rescatarlo y reconstruirlo en este islote que les contaba.

Después, no podíamos dejar de visitar esta enorme represa construida con ayuda de la Unión Soviética allá por los años setenta.

Y como último paseo de la mañana y del día, desafiando nuevamente al dios Ra, fuimos a la cantera de granito desde donde extraían las piedras con las que construyeron muchos de los templos y estatuas de la zona. Lo más increíble de todo, es que hay tallado un obelisco gigantesco, que se encuentra acostado, pero cuando lo estaban haciendo, se les quebró, y así los antiguos egipcios dejaron a su país sin lo que hubiese sido el obelisco más grande del mundo construido de una sola pieza.

El resto del día aprovechamos a descansar en las instalaciones del crucero, y finalizando la tarde, nos fuimos a la estación de tren, para pasar la noche precisamente en el tren que nos llevaría de regreso a El Cairo.